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Posts Tagged ‘examen de metafísica’

Me dejé llevar por un impulso que no hice nada por atajar. Un impulso que creció como una planta monstruosa.
El decorado estaba listo: una clase desangelada con veinte pupitres repartidos en tres filas paralelas, la pizarra coronada por una cruz, la mesa del profesor con su correspondiente sillón, una hilera de perchas en la pared del fondo, y ese olor propio de los centros escolares a lápiz y goma de borrar, a libros y cuadernos.
La escena estaba iluminada por la luz mate de una tarde lloviznosa. Sólo había que actuar.
“¿Qué es lo que no entiendes o te resistes a aceptar?” declamé “¿Que el mundo es contingente y precario? ¿Te disgusta esa idea? Desafortunadamente no se trata de una hipótesis o de una creencia sino de un hecho. Mira a éstos” y señalé con la palma de la mano vuelta hacia arriba a nuestros risueños compañeros, “míralos y dime si sus rostros no traslucen la felicidad. Su única preocupación ya la tienen resuelta gracias a su arrojo. Observa la lisura de sus frentes y atrévete a preguntarles si la existencia es anterior a la esencia o viceversa”.
Después de una pausa durante la cual Alberto permaneció callado, poniéndome en pie, retomé la palabra.
“Yo mismo me informaré”. Acercándome a uno de los espectadores de la farsa le pregunté: “¿La existencia es un atributo de la esencia? Recapacita antes de contestar porque la validez del argumento ontológico está en juego”.
“Yo qué sé, tío” “Supongo que tú no das ni golpe” “De vez en cuando estudio un poco” “Y cuando dedicas tu tiempo y tu esfuerzo a las distintas teorías sobre la existencia de Dios, ¿las aprendes de memoria o tratas de comprenderlas?”.
“Cuando te dije que estudiaba un poco, no me refería a la filosofía. Con lo fácil que es copiarle a don Justino, ¡enseguida voy a meterme en la cabeza ese rollo!” “Desde luego calentarse los sesos inútilmente es de tontos”.
Volviéndome hacia Alberto, concluí: “No vale la pena que sigamos indagando. Si interrogásemos a ése, la respuesta no sería diferente”.
El aludido se apresuró a replicar: “A mí déjame tranquilo” “Si faltaba algo por decir, ya está dicho y de forma admirable. Espero haber aventado todas tus dudas”.
Todos parecían disfrutar con la astracanada salvo Alberto.
“Nuestro amigo tiene un defecto que debería erradicar cuanto antes mejor. Alberto se toma las cosas terriblemente en serio. Así no se puede ir por la vida porque, entre otros engorros, se incurre en el de estudiar la metafísica como si en ello nos fuera algo más que el aprobado, el cual se puede conseguir por otros medios”.
Siguieron algunos comentarios en apoyo de este razonamiento. Alberto hizo amago de retirarse.
“No te vayas” le pedí forzando la nota histriónica, “todavía no hemos acabado”.

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