De pelaje gris y talla mediana, estaban aquejados de extraños tics. El pueblo se llenó de ellos. Ya no aparecían solitarios por las esquinas y ahí se quedaban. En grupos de tres o cuatro se aproximaban a esas aglomeraciones cuyos componentes se movían en zigzag o se entregaban a impúdicos manejos, donde nadie era dueño de sí mismo ni se atrevía a espantar a esos espectadores jadeantes.


Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
Deja un comentario