Feeds:
Entradas
Comentarios

Rosetón

El Bosque Silencioso se despide de sus lectores hasta septiembre. Que pasen un agradable mes de agosto.

 

 

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

233.-Me reprocha Emma que no sea más combativo a la hora de defender mis ideas y principios. Ella sabe que no me gusta discutir, que la gente que se altera verbal y gestualmente me inhibe.

Aparte de eso, mis ideas y principios no son palabra de Dios. Los he adoptado porque me parecen los mejores, pero como pienso que el límite que los separa de una mera opinión a menudo es difuso, la perspectiva de batirme el cobre por ellos la considero un despropósito.

En este planteamiento voy más lejos y así se le comunico a Emma: “Aunque fueran la misma verdad, tampoco pelearía. En ese caso es cuando no haría nada de nada, es cuando creo que se debe permanecer con los brazos cruzados”.

Me explico: “No se trata sólo de que me desagrade polemizar, en contraposición a muchos congéneres que parecen estar esperando la menor ocasión para ponerse a porfiar. No es sólo un rasgo de carácter. Es un convencimiento íntimo, arraigado en un profundo respeto a la verdad.

“La verdad es una. La verdad es siempre la verdad, ya la diga Agamenón o su porquero. La verdad no es chaquetera ni tiene por qué maquillarse, ni bailarle el agua a nadie. Si tuviera tales reacciones, sería otra cosa. Si se comportara de semejante manera, no merecería una pizca de consideración.

“La verdad no necesita que la defiendan, entre otras razones porque esos paladines suelen pasar la cuenta. No es raro que el objetivo de ese apoyo sea la obtención de beneficios.

“París no va a dejar de ser la capital de Francia porque alguien lo discuta. Ni la Tierra no va a estar achatada por los Polos porque alguien se empeñe en que es una esfera perfecta.

“Ya caerán de su burro. Ya resplandecerá la verdad. Si hoy por mi boca no ha sido posible, ya lo será más tarde por boca de otro. La verdad no es de nadie. El hombre es sólo un simple delegado y para esta función cualquiera sirve. Cualquiera que reverencie a la verdad, cualquiera que tenga claro que la verdad está por encima de él.

“A la verdad se suelen anteponer montones de sucedáneos e intereses personales. O sea, toda la vanidad que el ser humano puede acumular, que es mucha. Después está también ese prurito de querer tener la última palabra, de querer hacer morder el polvo al oponente. Está ese egoísmo que nos impulsa a colocarnos en primera fila”.

Hago una pausa y añado: “Con frecuencia comentas que nadie escucha. Tan cierto como eso o más es que nadie o casi nadie está interesado en la verdad. Si lo estuviéramos, otro gallo cantaría.

“Por lo anterior pienso que la verdad no necesita espadachines ni alguaciles ni apologetas ni presentadores ni equilibristas que atan las miradas del pavor (Huidobro), ni el cencerreo de unos y el voceo de otros.

“Los charlatanes la ponen perdida de tizne, los echacuervos se apresuran a enterrarla cuanto más hondo mejor, los compadres la convierten en moneda de cambio.

“Para ese viaje sobran las alforjas. Mejor sola que mal acompañada.

“La verdad debe imponerse por sí misma. Si no lo hace, ahora o dentro de un año, es un fraude. Si la ves rodeada de abanderados, agasajada por los poderosos, llevada a hombros por los correveidiles como si fuera un torero en una tarde de gloria, lagarto, lagarto.

“Cuando se codea con histriones y tunantes, con gente gritona y descompuesta, todas las palabras que se me ocurren para definirla pertenecen al campo semántico de la prostitución”.

Emma, que no me ha interrumpido durante esta larga disquisición, consideró que había llegado el momento de decir algo. Con una gravedad inhabitual en ella me preguntó: “¿Aunque sea de vez en cuando no crees que hay que echarle una mano a esa pobre?”.

 

 

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Tórtola

 

 

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Las blancas azucenas
Las velas parpadeantes
Las antiguas liturgias
El oro coruscante
De los vasos sagrados
El incienso fragante
Las lentas ceremonias
Los cantos incesantes

Propician el repliegue
Prenden el atanor
Procuran las alforjas
Del viaje interior

 

 

 

 

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

 

 

 

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Sálvame

232.-“¿Nunca te ha pedido alguien que lo salves?” Emma me mira extrañada. Seguramente se ha acordado del programa de Telecinco, cadena que desciende sin pudor a los niveles más bajos de la ordinariez. Pero no me refiero a ese engendro.

Hablamos de esa televisión que tiene méritos suficientes para que la distingan con la contramedalla de la ética y el buen gusto. Pero el tema se agota pronto, a ninguno de los dos nos interesa.

Retomo la pregunta inicial y prosigo: “Supongo que es algo que le ha ocurrido a más de uno. A mí en dos ocasiones. Dos personas esperaban que las salvara, que las sacase de donde ellas se habían metido” “Que las redimiese” “Sin ser yo un mercedario.

“Esas dos peticiones para las que no estaba preparado, ni entonces ni ahora, me hicieron pensar. ¿A quién no le gustaría ser rescatado cuando las cosas van mal, cuando nos hemos adentrado en un callejón sin salida?”.

Ahora la mirada de Emma no revela asombro sino curiosidad. A lo mejor cree que le voy a hacer una confidencia. O que le voy a contar los detalles de una historia escabrosa.

“¿Fueron dos novias tuyas?” “Ese título les viene ancho, pero es verdad que estuvimos tonteando durante un tiempo. El compromiso no cuajó. Una de las razones de ese fiasco fue precisamente esa disparatada expectativa”.

“¿La plantearon explícitamente?” “Sí. Yo intuía algo que me incomodaba. Me confesaron que estaban empantanadas, que necesitaban mi ayuda.

“La novia A y la novia B, llamémoslas así para entendernos, no fueron simultáneas naturalmente” “No hacía falta esa aclaración. Nunca te he tenido por un jeque árabe ni por un bígamo”.

“En efecto, no soy ni una cosa ni otra. La novia A estaba inmersa en un fregado sentimental. Yo ocupaba una posición periférica. No voy a afirmar que era un simple peón, acaso un alfil. El rey por supuesto que no.

“Atrapada en una situación creada por ella misma, pretendía que la arrastrase fuera de ese berenjenal del que no quería salir, que la liberase contra su voluntad. Ni tenía ni tengo esa facultad prodigiosa” “Sí” me confirma Emma, “con andar derechos tenemos de sobra la mayoría de la veces”.

“Mi novia A estaba enamorada de otro, un tío antipático como su padre, que no le hacía caso. Ella era consciente de su impotencia y de su obcecación, pero eso no le importaba. La fascinación que el otro ejercía sobre ella la convertía en un pelele. En cuanto el interfecto movía un dedo, ella acudía presurosa, eso sí, haciendo mucho teatro y dando muchas explicaciones.

“Con todo eso deseaba cortar porque era humillante y absurdo.

“Y delegó en mí la solución de ese problema. Deseaba, en definitiva, que la salvara de ella misma, de sus incongruencias, de sus fijaciones. Resumiendo, tenía que haber buscado un santo milagrero, y no un simple mortal”.

“Nadie, ni tú ni nadie, puede salvar a otra persona de sí misma” “Esas palabras me recuerdan un verso de Whitman que viene a decir lo mismo: Ni yo ni nadie puede andar tu camino por ti”.

Me abstraigo. “¿Y tu novia B?” “Mi novia B no estaba enamorada de otro. Se trata de una historia de ambientes funestos. En algún periodo de nuestra vida casi todos nos hemos relacionado erróneamente o hemos caído en las redes de grupos de fanáticos o de colgados. Un día, si te apetece, te contaré mi paso por una célula trotskista.

“Mi novia B se desvivía por formar parte de una reunión de gente liberada. Su buen trabajo le costó pero acabó consiguiendo que la admitieran en ese club exclusivo. Esto sucedió antes de que empezásemos a salir juntos.

“A través de ella conocí a esos amigos suyos tan avanzados y encantadores. Ni estaba a su altura ni me sentía a gusto. Así que dejé de frecuentarlos.

“Ella puso sobre el tapete la alternativa de hacer el esfuerzo de integrarme o de rescatarla. Esa propuesta me pareció ridícula. Mejor dicho, inviable. Ni iba a hacer la primera cosa en discordancia con mi carácter, ni podía convertirme en supermán y llevármela en volandas.

“Tengo grabados en la memoria sus ojos implorantes. Fumaba y bebía demasiado. Había que aprovechar al máximo cada minuto. Vivir el momento. Vivir al límite, como en la película de Godard. Esa era la filosofía imperante en el grupo.

“El fondo de la cuestión en ambos casos es esa salvación que uno ansía, esa agua de mayo que hará fructificar la tierra sin que nosotros nos molestemos en regarla. Se puede tender la mano pero es el otro quien tiene que responsabilizarse. Esas llamadas de socorro las veo como un ardid. Lo que escucho es esto: quiero seguir así pero inténtalo tú porque comprendo que me conviene reencauzar mi vida”.

 

 

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Balcones

 

 

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.