Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Anotaciones’ Category

319.-Me cuenta Emma un incidente que le ocurrió haciendo cola en una caja del supermercado al que va habitualmente a hacer las compras.

“Delante de mí estaba esa vecina tan redicha de la que te he hablado en otras ocasiones” “No para encomiarla” “No hay motivos para eso como a continuación voy a demostrar. Estaban ella y su madre, que es una mujer discreta. Durante el atranque provocado por su vástago se mantuvo en segundo término, y cuando habló, fue para contemporizar”.

“No voy a ocultar que no le tengo aprecio. Ayer, en el súper, revalidó mi rechazo. La madre había pagado la compra completa, la suya que era la mayor parte, y la de su hija que eran solamente dos o tres cosas. Cuando mi vecinita se percató del hecho, se dirigió al cajero, que era un chico al que se veía inexperto, y le ordenó, porque eso fue lo que hizo con ese tono autoritario que usa para cortar de raíz cualquier réplica, que hiciese dos cuentas diferentes.

“La madre que la trajo al mundo se apresuró a decir que no era necesario rehacer la operación, y pidió a su hija que le diese el dinero a ella.

“Mi vecinita declaró que quería su tique de la compra, y que era el deber del empleado atender en todo a los clientes. El joven, que asistía a la escena en creciente estado de tensión porque, aparte de su bisoñez, la cola era larga, se dispuso a complacerla.

“La situación era ridícula. Pero a ella no le importaba tener esperando a la gente mientras el cajero pasaba de nuevo los productos por el escáner y sacaba dos tiques.

“En esto cometió la torpeza de lanzarme una mirada en la que se leía que así era como había que proceder. Y sus ojos se encontraron con los míos en los que se leía lo que pensaba de ella.

“El cajero estaba nervioso y se equivocó. La madre repitió que le pagase a ella. La hija replicó: “Si no sabe cómo rectificar, que llame al encargado”. El joven, que las estaba pasando canutas, consiguió resolver el problema.

“Mi vecina, tan estilosa, tan delgada, que por eso parece más alta de lo que es, con ese pelo tan lacio y tan repeinado, cogió su tique, sacó el monedero del bolso y pagó su cuenta. E hizo un último gesto que acabó de solidarizarme con el empleado, el cual se contuvo y no hizo lo que yo, en su lugar, no me habría privado de hacer aun a riesgo de ser despedida.

“La vuelta que le dio a la estirada señorita ascendía exactamente a dos céntimos, que ella con un displicente gesto de la mano indicó que podía quedarse. El deseo del chico, y el mío también, habría sido tirar a la cara de la susodicha la monedita o, cuando menos, decirle que se la metiera donde le cupiese.

“Pero tal desahogo le habría costado el puesto de trabajo o una buena reprimenda. Así que, tragándose su rabia, depositó el pequeño círculo cobrizo sobre la bandeja de salida. Entonces ella, con la punta del dedo, lo arrastró sobre la superficie de acero inoxidable y dijo: “No lo quiero”.

“Pensé que el muchacho iba a saltar. La otra miró hacia atrás, pero yo no era ni de lejos el testigo que ella buscaba para secundarla en su indignación. Comprendió que, en el caso de que me pusiera de parte de alguien, no iba a ser de la suya.

“Tras dar ese paso en falso volvió la cabeza del otro lado, pero su madre se había alejado prudentemente. Dijo: “Espera, mamá” y más tiesa que un ajo se fue taconeando a su encuentro”.

Read Full Post »

318.-Sorprende a Emma la cantidad de temas y personajes que encierra la literatura, poco menos que inagotables. La miro para saber si está hablando en serio o en broma. Ella capta ese gesto suspicaz. “¿Acaso no es verdad?” dice.

“Claro que no” replico, “en lo que respecta a los temas su inventario es bastante limitado aunque sus ramificaciones sean numerosas. Los subtemas son variados, pero los troncos de donde nacen se pueden contar con los dedos de las manos, y es posible que sobren algunos”.

“¿Cuáles son esos temas matrices?” “Hay que empezar señalando que no son sólo literarios sino también filosóficos. Para abreviar podemos llamarlos los grandes temas.

“Los aborda el arte y el pensamiento porque, en definitiva, todas las manifestaciones culturales se reducen a ellos. Ahí están las semillas de todas las historias.

“Por muy llamativa u original que te parezca una obra literaria, si nos paramos a analizarla, descubriremos que desarrolla uno de los temas fundamentales. Es posible que el ropaje nos despiste, o nos induzca a error, incluso que durante un tiempo ese libro goce del privilegio de la novedad absoluta. Es una cuestión de deslumbramiento, a menudo apoyada en una buena operación de márquetin.

“¿Cuáles son esos temas que admiten muchas variaciones? Uno es el mal, su inapelable presencia en el mundo. Esa hidra a la que le nacen dos cabezas cuando le cortan una, ese monstruo con una infinita capacidad de regeneración, posee también el don de camuflarse, de confundirse camaleónicamente con el entorno hasta el punto de hacer creer que no existe, que es un puro cuento forjado por la mente calenturienta de un idiota. Los disfraces del mal dan para llenar un guardarropa o una biblioteca.

“El segundo tema que voy a citar (esta enumeración no implica orden de importancia) es el poder, ciertamente relacionado con el anterior. Incluso podría afirmarse que son hermanos si no carnales, de leche. Amamantados por la misma loba, suelen marchar de la mano.

“Dios o la trascendencia es otro. Y estrechamente relacionado con este se encuentra el tema del alma. El más allá, ese horizonte brumoso que unos niegan y otros consideran la meta, la verdadera patria, y que tan poéticos nombres ha recibido en las diferentes religiones, es una fuente de inspiración que no cesa de manar. El alma, según Platón, es la parte divina que hay en el ser humano. Estos temas, en contraposición a los dos primeros a los que cabe calificar de terrenales, son celestiales. O si lo prefieres, materiales y espirituales respectivamente. O también descendentes y ascendentes. Abajo y arriba.

“Otro tema fundacional, el quinto de esta lista, es el tiempo. Su paso, su esencia son perfumes tan intensos que pueden llegar a marear. Hay obras basadas en un intento de aprehenderlo. Algunas han tenido éxito. Han logrado dejar al descubierto la dimensión eterna de los efímeros negocios humanos. Han logrado rescatar nuestra precariedad de la rueda zodiacal de Crono. Somos insectos atravesados por los tres alfileres del pasado, el presente y el futuro. Y ese martirio da mucho juego.

“Tan difícil de captar como el tiempo es el deseo, e igual de productivo. Es el combustible de nuestras acciones. Nos arrastra, nos hunde, nos eleva. Si no nos propulsase el deseo, no moveríamos un dedo. Es tan necesario como el pan. En este tema podemos incluir las pasiones, que son deseos desatados. Según mi opinión es aquí donde tienen su lugar el amor y el odio.

“El séptimo tema es los sueños y los ideales, uno de cuyos subtemas es un motor social en constante funcionamiento. Me refiero a la utopía que a veces es tratada en clave de distopía. Una y otra son el haz y el envés del proyecto de reencauzamiento de colectividades con tendencia a descarrilar. Este bloque abarca también la justicia”.

“Otro tema fundamental es la muerte” apunta Emma. “Ya hemos hablado del más allá y de la trascendencia a los que está ligada la muerte como el final absoluto o el principio de otra vida. El descenso a los infiernos es uno de los subtemas más antiguos, atestado en el libro XI de la Odisea y en el libro VI de la Eneida. Gilgamesh, el primer héroe épico, partió en busca de la inmortalidad y acabó aprendiendo que a la muerte no se la puede burlar. Pero esto no quita que los que se fueron puedan ser visitados o evocados, y que puedan regresar al mundo de los vivos por diversas razones. Fantasmas, espectros, almas en pena recorren el folclore de los pueblos y se pasean también por la literatura.

“Creo que ya hemos acabado” “No. Faltan los otros” “Cierto. El prójimo plantea inevitablemente el problema de la identidad o la mismidad, así como las cuestiones del doble y la sombra. Si te parece, preguntándonos quién eres tú, quién soy yo, dónde se levanta la frontera que nos separa, cómo podemos franquearla…, ponemos punto final a este discutible catálogo” “Sólo nos ha sobrado un dedo”.

Read Full Post »

III

317.-Volviendo a nuestro héroe nórdico, cuando es encerrado en la jaula, donde en todo momento conserva la compostura, y es conducido al lugar donde lo van a ajusticiar, Ragnar Lodbrok aprovecha esa última oportunidad para mostrarse como un consumado impostor.

Justamente encima del pozo de las serpientes, después de haber soportado un larguísimo calvario sin proferir una queja, como un auténtico vikingo, pronuncia su discurso postrero, el broche final que cierra sus días.

Quien no creía, ni cuando se sinceró con su homólogo sajón, ni ahora, en el Valhalla, donde se banquetea eternamente en el majestuoso salón de Odín, ni en valquirias ni en elfos ni en nornas, con voz tonante se dirige a la concurrencia antes de que abran la compuerta de la jaula.

Ante un público francamente impresionado, del que forma parte el rey Ecbert con hábito monástico, este machote escandinavo hace una estremecedora declaración de fe. Que sea de cara a la galería no le quita un ápice de dramatismo. Como buen político, Ragnar es un actor de primera.

Hasta el espectador, aun estando en antecedentes, es embrujado por esas vociferaciones a los cuatro vientos. Dentro de poco, afirma el condenado, las vírgenes rubias lo trasladarán al paraíso donde curarán sus heridas y le darán a beber el exquisito hidromiel de los dioses, el que está reservado a los guerreros muertos en combate…

El número que Ragnar Lodbrok monta en la jaula es de antología. El gran héroe se revela como un redomado tartufo, aunque dicho sea en descargo de esa figura semilegendaria, la falsedad que rezuma ese episodio se corresponde más con la posmodernidad, es decir, con los creadores de la serie, que con la alta Edad Media.

Esa puesta en escena es la última medida política del personaje. Con ella está matando dos pájaros de un tiro: amedrantar a los circunstantes y preparar la venganza de sus hijos. Ragnar sacará el mayor partido posible a su ejecución, que no será en vano.

Tras allanar el terreno a sus sucesores, este “showman” que no cree en el más allá, afrontará su destino valerosamente. Esta entereza y sus hazañas justifican su inclusión en las sagas.

En el fondo del pozo de las serpientes, acribillado a mordeduras, Ragnar Lodbrok compone una estampa digna de figurar en un martirologio. El lugar, además, ha sido sacralizado por este sacrificio humano y, como presiente el rey Ecbert, puede convertirse en un centro de peregrinaje.

Las series televisivas en general son de un didactismo que interfiere en el disfrute de las mismas, forzando a veces la retirada del espectador cansado de tanta moralina. La pedagogía es una tentación irresistible para quienes cortan el bacalao. Antes y ahora se ha practicado. En eso los tiempos apenas han cambiado. Antes el adoctrinamiento era fundamentalmente religioso y ahora es ideológico. El objetivo es el mismo y se sintetiza en la consigna “compórtate como es debido”.

Read Full Post »

II

316.-La otra gran realidad de la filosofía de la intensidad, y en consecuencia de la serie “Vikingos”, aunque no en la desmedida proporción de “Dos metros bajo tierra”, es el sexo. Su planteamiento no tiene nada de subyacente o sutil. Es un plato que ponen en la mesa sin preguntarse, o a lo mejor sí, en cuyo caso tienen más delito, si al espectador le apetece.

Sexo sin tapujos, escenas pornográficas como la felatio que, en su propio despacho, le hace una chica al alcalde de Boston en la serie “Bajo escucha” (“The wire”). Uno está tentado de concluir que debe tratarse de una práctica corriente en las sedes públicas de los EEUU, desde la Casa Blanca a los lavabos del Senado.

En relación directa con esta inmersión sexual se encuentra la escatología verbal. Palabras malsonantes, juramentos, insultos. Una gama tan extensa de imprecaciones y groserías supuestamente chistosas que sólo puede responder a consignas concretas de despertar al amuermado televidente. En verdad no es más que una exhibición de coprolalia.

Teniendo en cuenta que una de las claves de la filosofía de la intensidad es la búsqueda denodada del espasmo liberador, no hay que extrañarse de esa incidencia en la procacidad. La posmodernidad pregona que la salvación viene por la desinhibición total. Esa es la buena nueva.

Si a lo anterior añadimos la perentoriedad de lo inmediato, tenemos el cuadro completo. Mi amiga Emma afirma, con una seriedad que excluye cualquier duda, que la próxima vez que en su presencia alguien saque a relucir el aquí y el ahora, se pondrá a gritar.

Resumiendo, las cuatro patas en las que se sostiene esta silla son el poder, el sexo, el lenguaje cuartelero y el presente rabioso. A esto se resume la vida. Ese es su cañamazo. Si se encuentra otra cosa, su puesto en el “ranking” es secundario.

Una imagen emblemática de la filosofía de la intensidad la constituye Nate, de “Dos metros bajo tierra”, conduciendo una moto a toda pastilla, sin casco, por una peligrosa carretera de la costa. Le han descubierto una malformación vascular en el cerebro. Tras la lección filosófica de una motera cuya pareja murió en un accidente de tráfico, Nate, a quien ella, en plan hada madrina, le regala la máquina del fallecido, sale a banderas desplegadas a gozar de ese momento.

Ella es clara: hay que hacer lo que a uno le apetezca sin mirar las consecuencias. Téngase en cuenta que sólo se vive una vez. Esta obviedad justifica las cogorzas, los atracones, las rayas de coca o los comportamientos suicidas.

Y si Nate se precipita por el acantilado, cosa que no ocurre porque es uno de los protagonistas, el de mente más abierta además, el más comprensivo, en su funeral, cuando hagan su panegírico, siempre habrá alguien que diga: “Se despeñó gustoso”.

Aparentemente la filosofía de la intensidad no contempla, aparte de las antedichas, otras formas de gozar la vida, que seguramente admite pero que considera inferiores o, utilizando la terminología apropiada, de baja intensidad.

Read Full Post »

I

315.-Ambientada en la Edad Media, la serie “Vikingos” es una reconstrucción histórica centrada en el personaje semilegendario de Ragnar Lodbrok. Y es también una muestra de la tan en boga filosofía de la intensidad cuyos valores y propuestas afloran por doquier.

Son numerosos los pasajes, aunque no proliferen tanto como en otras series que prácticamente son una ilustración de la nueva “Weltanschauung”, en los que el didactismo ideológico brilla con luz propia.

Es paradigmática la conversación que mantienen Ragnar Lodbrok y el rey Ecbert, en la que los dos se despachan a su gusto. Ragnar se revela como un consumado Maquiavelo nórdico que, con la excusa del bienestar de su pueblo, actúa movido por el ansia de poder, al igual que su interlocutor. En ese aspecto no se diferencian en nada.

Ragnar aprovecha la ocasión para quitarse todas las caretas. Es un ateo de tomo y lomo. A él los dioses, desde el padre de todos ellos, Odín, a Thor, el señor del trueno, sin salvar a uno solo de lo que componen el nutrido panteón escandinavo, se la refanfinflan. Si él se presta al juego, es por conveniencia, porque son las cartas con las que hay que jugar. Pero este racionalista del siglo VIII es muy consciente de que la religión no es más que un montaje.

El rey Ecbert es más discreto. Él reza y asiste a las ceremonias religiosas en las que participa respetuosamente. El sajón no hace gala del mismo descreimiento a machamartillo, pero en ningún momento contradice al otro porque, en el fondo, comparte la opinión de Ragnar. La religión es un cuento. O bien, desde un punto de vista realista, otro instrumento de poder.

Por obtener y conservar el poder ambos se conducen como hermanos gemelos. A ninguno le tiembla la mano cuando tiene que descargar un golpe mortal. Traiciones, infidelidades, mentiras, crímenes son la moneda corriente de las transacciones políticas. Lo cual no quita que uno y otro tengan sentimientos y los muestren. Una de las características de la filosofía de la intensidad es que el hombre exhiba sus emociones, que llore, que abra su corazón en un momento dado. Ragnar y Ecbert soportan estoicamente los embates de la soledad y de la incomprensión anejas al ansiado cargo regio.

Unas veces explícita y otras implícitamente los dos monarcas coinciden en casi todo, tanto desde el punto de vista teórico como práctico. Comparten el convencimiento de que la única realidad es el poder. Socialmente hablando no hay otra. Si tienes el poder, el resto viene por añadidura.

Saben también que la fea cara del ordeno y mando hay que maquillarla para que no asuste demasiado. Es decir, su ejercicio, salvo en el caso del despotismo absoluto, requiere coartadas. En este campo el rey Ecbert, más diplomático que su homólogo nórdico, sabe hilar más fino. Tiene claro que “potestas et imperium” hay que asociarlos a planteamientos filantrópicos.

El poder es un impulso primario. En la serie se traduce en continuos ajustes de cuentas que constituyen una de las líneas argumentales. Una máxima vikinga podría ser: “El que la hace la paga”, si es con creces mejor.

También la podría ser de los sajones, pero los hijos de Odín conjugan el verbo matar en todas sus variantes y con toda crueldad. La serie ejemplifica bien el adjetivo “bárbaro”. Dedicados en los meses veraniegos al exterminio y al pillaje, los vikingos se convirtieron en una plaga.

Verdad es que a la hora de clavar el puñal no distinguían entre propios y extraños. Igual caía el novio, el hermano, la princesa Aslaug o todos los habitantes de Algeciras. Lagherta, que no perdonaba una, aprovechaba las ocasiones estelares para dar más realce a sus venganzas.

La sangre derramada empapa los capítulos de esta serie. Ese fluido tan especial, como lo caracterizó Goethe, es el sello de la casa. Corre por los arroyos, salpica la cara de los guerreros, tiñe sus manos y su ropa. Las correrías marineras de los vikingos son una exaltación de ese atavismo que se complace en la muerte. Las escabechinas que organizan son un fin en sí mismas, una celebración orgiástica.

Read Full Post »

316.-Era una mujer joven, a lo sumo tendría treinta años. Rezumaba tristeza o nostalgia porque estaba lejos de su país. Tras una observación más detenida deseché esa causa.

Su hosquedad no estaba motivada por el alejamiento de su patria. Cuando la conocí un poco más, supe que no había tenido buenas experiencias. Eso explicaba su comportamiento esquinado.

Había abandonado sus estudios universitarios y trabajaba en lo que le salía, justo para mantenerse a flote. En su vida no había estabilidad ni laboral ni emocional. Estaba, según reconocía, en la cuerda floja.

No encontrándole sentido a nada, se había enrocado en el día a día. Ni le interesaba ni quería ver más allá. El hoy era ya demasiado penoso para preocuparse del mañana. Así que nada de planes.

Como no sirvo para consolar ni para soltar discursos bienintencionados, no la interrumpía cuando hablaba. Me hubiese parecido una ordinariez darle una palmadita en la espalda o animarla con las frases al uso que habrían rebotado o resbalado sobre su piel.

La dejaba expresarse. La chica se llamaba Victoria, un nombre con el que ella hacía chistes crueles. “Me podían haber bautizado de otra manera. No voy a decir que lo hicieran para fastidiarme, pero cada vez que me preguntan cómo me llamo, me pongo de mal humor. Aquí, en España, decís otra cosa. Mi nombre es la guinda del pastel”.

Un día, tomando un café que siempre le parecía inferior al de su tierra, me habló de esta con la misma falta de complacencia que utilizaba para referirse a ella misma. Pasando de una cosa a otra, acabó contándome, para mi sorpresa, un venturoso día de playa. Con lujo de detalles y apuntes cromáticos, pues tenía un vocabulario rico, se demoró en la descripción o más bien en la recreación del atardecer.

Sentada en la franja de arena que separaba la selva del mar, Victoria vivió ese momento olvidada de ella. “La felicidad consiste en eso. Y la desdicha en tener que cargar conmigo, en no lograr deshacerme de ese fardo como aquel día en la playa”.

Nunca la había visto tan sincera como cuando me comunicó ese secreto. Yo era la única persona con la que había compartido esa experiencia de absoluto bienestar.

Después me pintó la cercana selva como un lugar de árboles altísimos, entretejidos de lianas, en cuyas horquetas crecían orquídeas de increíble belleza, algunas con apariencia de feroces guepardos, otras de pétalos modelados en cera de exquisitos tonos malvas. “Las orquídeas pueden adoptar innumerables formas y las hay de todos los colores”.

Mientras la escuchaba, me olvidé del lugar en el que estábamos y de la razón de nuestro encuentro. Su vivaz y fantasiosa rememoración me atrapó hasta ese punto. Vi la selva, los manglares, el cadencioso oleaje y la puesta de sol a través de sus ojos, que igual me daba que fueran los de su cara o los de su imaginación.

Finalmente calló. Su semblante, que se había animado durante la narración, se revistió de su acostumbrada adustez. Me pareció que se arrepentía de esa efusión verbal.

“Acabas de abrir una puerta por la que puedes salir. Estoy seguro de que por ahí puedes escapar”.

Las aguas teñidas de rojo del caudaloso río que había mencionado, y las nubes incendiadas por el sol poniente se reflejaron en sus oscuras pupilas. Fue un fenómeno efímero pero real.

Read Full Post »

315.-¿Hay que considerar que quienes no han visto satisfechos sus deseos no ya con la intensidad que exige el maximalismo posmoderno, sino ni siquiera parcial o defectuosamente, y esto por razones diversas que escapan a la voluntad de los interesados o que vienen dadas por el destino, como por ejemplo una enfermedad congénita, hay que considerar que esas existencias son inútiles, que para esas personas el tiempo transcurre lastimosamente, viviendo una vida de segunda o de tercera categoría?

¿No es este un planteamiento tramposo, es decir, señalar unas pautas a las que hay que atenerse, crear unas expectativas que rara vez se materializan, y que bien pueden calificarse de irreales aunque ciertamente nadie pueda negar su eficacia como engañabobos? ¿No son todas las vidas útiles, incluidas aquellas que se alejan del cumplimiento de los cánones al uso, las vidas de aquellos que nunca viajarán ni conocerán la pasión amorosa ni brillarán en sociedad, etc.?

A lo mejor la intensidad tiene poco o nada que ver con eso. A lo mejor el gozo discurre por otros derroteros que posibilitan que cualquier vida merezca la pena de ser vivida. A lo mejor, desde nuestro lugar en el mundo, todos tenemos acceso a las grandes experiencias que constituyen el sustrato en el que enraíza el ser humano.

Desde este punto de vista no se le puede negar validez a ninguna vida porque incluso la más limitada, la más anodina, es un recorrido que depara bienes y males, tristeza y alegría y su ración de conocimiento. Y nadie sabe en qué proporción se dispensa ese patrimonio.

No hay existencias inútiles aunque pueda parecer tal cosa. Aunque nuestra sociedad, tan dispuesta a allanar las dificultades de quien toma una decisión radical respecto a él mismo o respecto a otro, tiende a rechazar toda acción que suponga sacrificio o renuncia, y asimila mal las frustraciones que a menudo equipara a fracasos, no deja por ello de ser verdad que esas condiciones son necesarias para el desarrollo de la vida, que son el camino que favorece su expansión. Así ocurre cuando vemos un largo tallo que, salvando el obstáculo de una piedra, prosigue su crecimiento aun a costa de una deformación.

No hay existencias vanas por más que los planteamientos actuales postulen lo contrario. El respeto y el mantenimiento de la vida conllevan lo señalado en el párrafo anterior, reclaman un alto grado de desinterés y de generosidad para evitar que se produzca una implosión tanto a nivel individual como social.

Esa actitud, en la inmediatez y a largo plazo, es una fuente de júbilo, una fuente que nunca mana de los comportamientos compulsivos y negacionistas.

Read Full Post »

Older Posts »