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Lentisco (II)

 

 

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En el Guzmán de Alfarache hay un exceso de disquisiciones, como queda de manifiesto si se compara esta novela picaresca con el Lazarillo de Tormes, tan desnuda e implacablemente eficaz en la exposición de las andanzas de su antihéroe.

Si a esa abundancia de divagaciones se añaden las historias intercaladas, que, a propósito del Quijote, Unamuno califica de impertinencias, la lectura del libro se resiente. Por supuesto, uno puede saltarse esas narraciones que el escritor cuela de matute.

Mientras que en el Lazarillo asistimos a las desventuras mondas y lirondas del protagonista, a las que el anónimo autor ni quita ni pone nada, Mateo Alemán las entierra a menudo en prolijas consideraciones cargadas de razón, en largos discursos dictados por la amarga experiencia, que buscan el asentimiento del lector, o eso parece.

Dicho esto, hay que apresurarse a añadir que Guzmán vive la misma vida verdadera que su compadre Lázaro o su comadre Celestina.

Desde la tortilla con huevos empollados que comió en una mala venta al poco tiempo de partir de Sevilla hasta su entrada como gracioso en casa del embajador francés, episodio con que finaliza la primera parte de la obra, Guzmán, un personaje de carne y hueso, se sitúa por encima de las peroratas.

Esta fue la ciudad que abandonó para conocer mundo y probar fortuna:

“Sevilla era bien acomodada para cualquier granjería y tanto se lleve a vender como se compra, porque hay mercantes para todo. Es patria común, dehesa franca, ñudo ciego, campo abierto, globo sin fin, madre de huérfanos y capa de pecadores, donde todo es necesidad y ninguno la tiene”.

Esto dice de él:

“Yo fui desgraciado (…): quedé solo, sin árbol que me hiciese sombra, los trabajos acuestas, la carga pesada, las fuerzas flacas, la obligación mucha, la facultad poca. Ved si un mozo como yo, que ya galleaba, fuera justo con tan honradas partes estimarse en algo”.

Y esta fue la decisión que tomó:

“El mejor medio que hallé fue probar la mano para salir de miseria, dejando mi madre y tierra. Hícelo así; y para no ser conocido no me quise valer del apellido de mi padre; púseme el Guzmán de mi madre, y Alfarache de la heredad donde tuve mi principio. Con esto salí a ver mundo, peregrinando por él, encomendándome a Dios y buenas gentes en quien hice confianza”.

 

 

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34
Exposiciones vanas
A los ojos del mundo
Banalidad

35
Anhelos, esperanzas
Largamente acopiados
Riquezas

36
El azul, los despojos,
Sueños acariciados
Desánimo

 

 

 

 

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Adelfas blancas

 

 

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Lo sobrenatural

234.-Lo numinoso, al igual que lo terrorífico, está ligado a una manifestación de lo sobrenatural. Sin esta irrupción la realidad no sería más que la apoteosis del embotamiento.

235.-La fantasía participa de la fascinación que ejerce la ruptura de las leyes naturales y la liberación de entes ocultos o encadenados.

236.-Lo sobrenatural, lo numinoso, lo terrorífico, lo fantástico, lo maravilloso comparten el mismo carácter alternativo y transgresor, así como también su forma de actuar que es la aparición.

237.-Las hadas, los duendes, los encantadores, los elfos, los gnomos, los lémures, las larvas, las hamadríadas, los fantasmas, los espectros (de los que hay una gran variedad), los vampiros, los ogros, los dragones, las harpías, el mítico ruc, entre otros, son sus eficaces agentes.

238.-Los cementerios, las casas abandonadas, los castillos, las pesadillas, las alucinaciones, la noche, los delirios (sobre todo el “delirium tremens”), los parajes solitarios, los bosques, entre otros lugares, son los escenarios que propician la intervención de los agentes mencionados.

239.-Con la ciencia ficción, formalmente, los agentes y los escenarios han cambiado. Quizá el motivo principal de esta renovación sea la necesidad de crear un ámbito donde prime lo sobrenatural de modo que el ser humano pueda seguir estremeciéndose.

240.-Los milagros son otra expresión de lo maravilloso, es decir, un desafío a las leyes que rigen la naturaleza, un mentís a la racionalidad. Pero los milagros andan de capa caída. Sólo los simples los admiten. Existan o no, el hombre común, cuanto más el culto, los rechaza de plano.

241.-Lo mágico encubre deseos humanos. En este caso no es probable que se produzca ese escalofrío, ese calambre, ese pasmo que son la marca del afloramiento de lo desconocido. En vez de desfigurarse nuestro rostro en una espantosa mueca, es más probable que esbocemos una sonrisa, o que sintamos un cosquilleo.

242.-En Galicia, y no sólo allí, se oye decir en tono de broma: “Yo no creo en las meigas pero haberlas haylas”. Eso es hacer una declaración cubriéndose las espaldas. En esa misma línea de prudente contención, cuando a uno le preguntaron si creía en los fantasmas, respondió: “No, pero me dan miedo”.

243.-Los temores, los anhelos, las añoranzas, las querencias son un campo abonado para la imaginación, pero lo numinoso y lo terrorífico pertenecen al reino de lo sobrenatural y asestan sus pescozones desde ahí.

 

 

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Rosetón

El Bosque Silencioso se despide de sus lectores hasta septiembre. Que pasen un agradable mes de agosto.

 

 

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