
¿Un gato se asustó y trató de escapar atravesando las filas de sus tradicionales enemigos? ¿Un niño quiso despertar a varios borrachos hacinados en el suelo echándoles un cubo de agua? ¿Un perro que giraba sobre sí mismo en un vano intento de cogerse la cola, al ver que no lo conseguía, atacó a uno de los juerguistas?
Un aullido más agudo desencadenó un concierto infernal. El pueblo rebosaba de prolongados ladridos a los que se unieron bien pronto los gritos de terror de sus habitantes.
La gente, para ponerse a salvo, empezó a correr, acicateando de esta forma la saña de sus perseguidores.
Los que aún conservaban restos de lucidez se armaron con objetos contundentes o se envolvieron el antebrazo con la chaqueta, sin obtener mejores resultados que los que se dieron a la fuga a cuerpo descubierto.
Una mujer, paralizada por el miedo, esperaba con los pelos revueltos el fatal desenlace. Aquel se defendía repartiendo mandobles. Otro juraba y perjuraba desde la ventana a la que se había encaramado, y desde la que propinaba puntapiés. Algunos se revolcaban con sus atacantes en el suelo.
La población fue pasto del furor de las hordas caninas.
Aparte de los viejos, pocas personas mantuvieron la integridad física.
Atrincherados en sus casas o en lugares inverosímiles, los que estaban a salvo escuchaban con el corazón en un puño y la cabeza entre las manos el ensordecedor griterío de sus convecinos.
In illo tempore (XXXV)
noviembre 9, 2011 por Antonio Pavón Leal
Como hemos llegado a esta escena dantesca propia de las peores pesadillas?
Hay entregas de «En illo tempore» que me he perdido y que tengo que leer para llegar a una mejor comprensión del todo. Como ves hoy paseo por este bosque silencioso permitiéndome disfrutar de su contenido, aspiro el dulce olor de las granadas, contemplo los recios y estilizados cipreses, la belleza del modesto escaramujo, la luz hiriente de un cielo tan azul, las sombras inquietantes que evocan dragones anclados en el rincón mas ignoto del subsconciente, palabras que son imágenes, imágenes que son poemas…sosiego y fortaleza
A veces las fantasías derivan en pesadillas. Otra explicación es considerar las pesadillas como fantasías entreveradas de negro. El protagonista de In Illo Tempore, tras liberar en su imaginación a un cochinillo de pezuñas aladas y convocar a esas jaurías de perros rabiosos, debe atenerse a la dinámica impuesta por esos elementos, los cuales conllevan unas consecuencias. En el fragmento XXXV culmina esa divagación.
De momento, voy a aparcar este libro, que retomaré cuando acabe de publicar «Una mala racha». A partir de ahora, se impone un cambio de trayectoria. Un quiebro para poder seguir avanzando y explorando otras posibilidades creativas. Ya veremos por dónde tira el protagonista.
Tu comentario es todo un ejercicio poético. Si los posts te han sugerido lo que tan certeramente describes, y además te han procurado sosiego y fortaleza, aunque sea en pequeñas dosis, por bien pagado me doy. Para este plumilla es una recompensa.