…¿Dónde exactamente? ¿En la sierra de Hueva o en la de Sevilla? En ambas hay romero, brezo, encinas, madroños. Había olvidado el nombre del pueblo. La estrecha carretera discurría flanqueada por cercas de piedra, que se alzaban más allá de las profundas cunetas. A la altura de los primeros corrales acababa el asfaltado y empezaba el piso de adoquines. La carretera se convertía en calle. Aquí y allá, interrumpiendo la blancura de las paredes, aparecían portones pintados de añil, como retazos de cielo…
…pelo recogido en un moño, tez morena, ojos rasgados, nariz recta, pómulos marcados, labios finos, barbilla bien moldeada. Pero su cuerpo había perdido la gracia de la juventud. Encarnecido y ajado, contrastaba con la belleza de las facciones.
Los signos de la servidumbre convivían con una sensibilidad que se adivinaba exquisita. Esta era la impresión que sus andares garbosos y su mirada profunda confirmaban.
El efecto era turbador, pero duraba el tiempo de oírla hablar.
Destacados miembros de la corte celestial salían malparados en cuanto abría la boca, pues, antes de entrar en materia, tenía por costumbre lanzar unos cuantos juramentos.
Tachonada de palabras soeces, su conversación giraba de preferencia sobre lances amatorios, que exponía con minuciosidad y parsimonia.
Tal era su reputación de deslenguada que, para no desmerecerla, le era necesario realizar piruetas verbales más propias de un poeta gongorino que de una comadre…
Que buen retrato haces de esta mujer, casi puede uno verla, y mucho mejor aun ese contraste que le añades de ser una deslenguada. Ese rasgo de su carácter la dota de personalidad . Me recuerda a alguien, o quizá es un prototipo de mujer que se da en ciertas partes. Me ha gustado mucho
Es un retrato por contraste, para que la personalidad del sujeto quede más de relieve. No me atrevo a decir que es un tipo común, pero desde luego no es raro en estas latitudes.
Tengo escrito un poema en el que abordo este mismo tema, que me resulta tan paradójico. Una apariencia encantadora sirve de vehículo a la ordinariez y la zafiedad. Una boca de labios finos y sonrisa seductora es una fuente por la que sale un chorro de improperios y desatinos.