Me levanté temprano para ir a trabajar. Cuando salí, vi surgir de la oscuridad del jardín una figura con una estaca en el pecho que agarraba con ambos manos, como si estuviera sosteniéndola.
Con paso inseguro, subió los escalones del porche. Un halo violáceo circundaba las cuencas de sus ojos.
Se detuvo bajo el arco. Encuadrado entre los pilares, en cada uno de los cuales había embutido un azulejo con una palabra inscrita, en el de la derecha “Spes” y en el de la izquierda “Caritas”, parecía la parodia blasfema de un santo.
Venía huyendo. Tal vez no le habían clavado la estaca en el lugar preciso. O no lo bastante profunda. Tal vez esta criatura almacenaba una ingente cantidad de energía.
La luz del farol acentuaba su palidez y resaltaba la mancha negra de sangre de su camisa. Un espasmo, que dejó al descubierto un afilado colmillo, le contrajo el labio superior.
Faltaba poco para que amaneciese. A lo lejos se escuchaba el rumor de una jauría.
Su mirada fija no era suplicante. Dijo: “Necesito entrar”.
Mi vista se nubló y los latidos de mi corazón empezaron a retumbar en mis oídos. Retrocedí azorado y cerré la puerta de golpe.

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Me gustó tu cuento, muy buena la descripción de un breve momento. Siempre tan bien elegidas las palabras!
Saludos desde Santiago, en un tibio día a fines de otoño 🙂
Un breve e intenso momento. Date cuenta, abres la puerta de tu casa por la mañana para ir a trabajar, y encuentras a un vampiro que busca refugio. Un vampiro que ha sobrevivido a la estaca que le han clavado en el pecho, pero que no resistirá la luz del sol.
Saludos en un caluroso día de finales de primavera.