Hoyo de proporciones gigantescas,
cuyo borde recorro con cuidado,
en su fondo de sombras erizado
una legión de sirenas dantescas
y otros seres de facciones simiescas,
bufones de uniforme remendado,
me hacen señas de que acuda a su lado
mientras realizan piruetas grotescas.
Miro a mi alrededor con desespero
buscando una razón, un asidero,
que me aparte de ese hondón infernal.
Sólo los campos de labranza veo,
los parduscos terrones al oreo,
como la urdimbre de humilde sayal.

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.






El mejor asidero es la intuición, es la que nos salva de caer en el hondo grandioso y oscuro.
Tomo nota, Teresa. Cuando se abra un profundo agujero a mis pies, me dejaré llevar por la intuición para no caer en él.