III
Éramos unos pánfilos
porque no comprendimos que también tú tenías,
a pesar de tus aires de superioridad,
igual necesidad
de sentirte integrado, de sentirte acogido.
Mas te las arreglabas para que pareciera
que todos esos dones los concedías tú
cuando se te antojaba.

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Este Bestiario, desde su primera entrega a la actual es para saborearse a sorbos, dejando un tiempo de reposo para el siguiente.
Me quito el sombrero, maestro. Un abrazo afectuoso para el amigo.
Estas composiciones son incursiones poéticas, modestos intentos de desvelar la realidad, de profundizar en el significado de la experiencia humana cuando ésta se vive en su estado primigenio, que es en la infancia, en los primeros años.
Estas composiciones son un intento de comprensión e integración de los hechos y personajes que conforman la vida de cada cual. Hechos y personajes que han sido interiorizados, y ahora no están fuera sino dentro. Ahora eso eres tú («Tat tvam asi» es la fórmula sánscrita), tú eres eso. Y es tu responsabilidad gestionarlo lo mejor que puedas. Un abrazo.
Otro fuerte abrazo para ti, Antonio. En efecto, la fórmula sánscrita lo expresa de modo insuperable, y de uno solo depende el manejar la vida de la mejor manera para no repetir atavismos.
La experiencia, sobre todo la negativa, es una buena maestra. A nosotros nos toca ser buenos aprendices. A mí me ha enseñado respeto, que es, según creo, la triaca más eficaz contra esos atavismos que nos animalizan.
El quid, pienso, está en comprender que lo que rige la vida es la incertidumbre y que somos los únicos responsables de nuestras acciones, pensamientos y sentimientos; ejercerlos tendrá consecuencias «buenas» o «malas», las primeras serán ganancias y las segundas, perdidas que hay que entender como lecciones para crecer y tornarlas en ganancias, al final del día. Lo que no depende de uno, lo que no es ajeno, son circunstancias que por alguna razón nos toca enfrentar (creo que para aprender y fortalecerse). Lo sabio es esperar el momento preciso para resolverlas (si podemos) o simplemente seguirlas, en vez de oponerse, de tratar de imponer nuestros esquemas, que es lo que nos provoca la frustración y el dolor. Las alegrías son respiros.
No hay nada seguro más que la muerte, que es la solución definitiva y que, siguiendo las leyes de la mecánica clásica, es sólo el tránsito para transformar nuestra energía y materia en otra forma.
En fin, divagando como siempre, pero ojalá algo de todo esto que te escribo, amigo querido, tenga algún sentido.
Te abrazo muy fuerte y fraternalmente.
Excelente exposición del principio de incertidumbre que preside no sólo el comportamiento de las partículas sino también el destino humano.
Desde luego, querido colega, nosotros somos los responsables de nuestros actos. Ésa es la única respuesta posible a la arbitrariedad, a la irracionalidad y a la indeterminación, aunque éstas nos puedan. Somos hombres, o sea, entes limitados. Incluso voy más lejos y afirmo la debilidad esencial del ser humano.
Las deducciones de tu razonamiento son certeras pautas de conducta, casi diría, principios éticos.
Percibo un aroma a budismo (no hay que fiarse de mi olfato que no es demasiado fino) en esta réplica tuya, sobre todo en sus líneas finales.
La afirmación sobre la realidad ineluctable de la muerte, la única certeza que nos asiste, la encuentro barroca. Pero de la premisa «Nada hay más seguro que la muerte» tú sacas irrefutables conclusiones científicas.
Lo que escribes tiene mucho sentido. He leído y releído este texto. A cada nueva lectura se avivaba mi diálogo interno. Lo cual es fructífero y enriquecedor. Un gran abrazo.
Sin duda, querido Antonio, en mis palabras permean lo que reflexiono sobre mis lecturas, así como el contenido mismo de muchas de ellas. Aunque no practico el budismo, tengo un especial interés por las filosofías orientales, así como de la europea.
Leer tus respuestas y comentarios, siempre son réplica sabrosa y deleitosa.
Te abrazo muy fuerte, amigo.
Tardé -varias relecturas- en entender la complejidad de esta interacción, sobre todo la maniobra del ‘tú’. Pfff. Es un ‘arte’ hacer parecer que concedes ‘dones’. Hay personas especialistas en ‘voltearlo’ tó. Buenas noches, Antonio. 🙂
Es un arte o una artimaña, en cualquier caso una faena, quizá no del todo consciente, pero lo bastante como para servir de base a la manipulación y a la discriminación.
En efecto, se trata de una interacción. Las relaciones humanas son complejas (ya lo hemos hablado, creo). Si no hay complicidad, si una de las dos partes no se presta, no hay juego. Que descanses.
Aquí queda reflejado lo que acabo de decir en el otro poema, los complejos de las personas, no quiere decir que toda persona con complejos mire por encima del hombro, pero sí algunas. Y aquí voy a meter en este bestiario a las Personas Apaga-Luces…porque si no apagan las Luces no se quedan tranquilas, no soportan la amabilidad, ni la simpática inteligencia, quizás no se soporten ni a ellas mismas.
En el poema de habla de la necesidad de sentirnos integrados, aceptados, queridos. Los tunantes la tienen también. Pero su manera de proceder evidencia una bastardía que poco o nada tiene que ver con la actitud de la mayoría de la gente, que no recurre a medios tan lesivos.
Puedes meter en este bestiario a todos los echacuervos y robaperas que lo merezcan. Este bestiario es una forma de airear, limpiar, purificar las interioridades para que no críen moho ni den malos olores.
Incorporados quedan los apagaluces. Si se te ocurre alguno más, añádelo. Al final vamos a tener una estupenda colección.
Gracias por integrar a los Apagaluces, desde ahora queda así recogido.
Tengo a otro personaje que meter en el bestiario, » El invita-antipatías», existen personas que no sé como se las ingenia que nada más que te invitan a las antipatías, uno o una da rodeos y rodeos para decir las cosas de forma amable y educada, no sabemos ni por dónde pasar y nos invitan tanto a la antipatía que acabamos actuando en un momento concreto de la misma forma, en fín, todos somos en algún momento Doctor Jeckill y Mister Hyde, tampoco está mal serlo, aunque no queramos.
Conozco a algún representante de esta categoría. Es difícil no dejarse contagiar y bajar al nivel de nuestro interlocutor. Hay que tener un gran dominio de sí mismo para no ponerse antipático, que a mí es algo que me violenta mucho.
Pero como tú dices, el Doctor Jeckill y Mister Hyde conviven en cada uno de nosotros. Ignorar este hecho no invalida la realidad y evidencia una gran candidez.
El invita-antipatías queda incorporado al bestiario por derecho propio.
Gran reflexión sobre la integración la que encierran estos versos. Gracias.
Gracias a ti por tus comentarios.
En las relaciones humanas, probablemente, ésa es la madre del cordero, el quid de la cuestión: la integración versus el aislamiento o la marginación.