XIX
Lleva manto de armiño, corona de rubíes,
zafiros y esmeraldas, batón de terciopelo.
Y en su mano derecha, símbolo de realeza,
un cetro de oro puro.
De telas, pieles, piedras estaba tan cargado
que el peso amenazaba dejarlo jorobado.

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El peso del poder y la riqueza inmoral que terminan siempre por aplastar a quienes los portan; ejemplos de lo cual tenemos hoy muchos a lo largo del mundo.
Una pequeña joya más de este Bestiario, donde la lírica, la reflexión, la crítica se hacen uno solo con toda la elegancia estilística y el duende de que abunda siempre tu creatividad literaria, amigo- maestro.
Enorme, fraterno y cálido abrazobeso, Antonio.
Al parecer, la púrpura pesa y acaba sofocando a su portador, aunque esto no siempre ocurre. Hay quien resiste perfectamente y se eterniza en el poder, como si éste fuera una cómoda y fresca sahariana.
En el poema se presenta más bien el caso opuesto, el de aquel sobre el que, por circunstancias sociales y familiares, recae una responsabilidad y es objeto de unas expectativas superiores a sus fuerzas. Incluso asumiendo, por sentido del deber o por vanidad, ese relumbrón, la falsedad se cobra su presa. Tal vez no la devore, pero de la chepa no se libra. Un abrazo.
Ambos casos, el de quien no puede y el de quien se mantiene a pesar de todo, son patéticos, en el sentido lato de la palabra.
Grande abrazo, maestro.