1
En la borda del barco,
entornando los párpados,
escuchas los graznidos
de las aves marinas.
Ojeroso, cansado,
un poco arrepentido,
pones punto final
—al menos eso piensas
en ese mismo instante—
a tus vagabundeos.
Tu sueño tiene ahora
otro nombre distinto.
Un sueño que te arrastra,
que puede más que tú,
afirmas seriamente,
bribón de siete suelas.
Y ese sueño se llama
el retorno al hogar.
2
No tengas prisa, Ulises,
en llegar a tu casa.
Como siempre te ocurre,
pasados unos días,
unos meses quizás,
acabarás hartándote.
La esposa idealizada,
los gritos de los niños,
el huerto, los rebaños
y demás zarandajas
serán los arrecifes
en que te irás a pique.
3
Atiéndeme y escucha.
Más que un aventurero
eres un soñador.
No caigas en la trampa
que tú mismo te tiendes.
Estáte, pues, tranquilo,
disfrutando del viaje,
dejando que la brisa
revuelva tus cabellos.
No tengas por volver,
no tengas por llegar
prisa alguna, querido.
Lo tuyo es navegar.
Acepta tu destino.
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