Los herbazales secos del verano,
indómita cabellera aleonada,
resisten del calor la turbonada
y los fieros embates del solano.
Bajo el implacable sol, un milano,
sobre su presa acezante y abrasada,
un ratón de pelambre atabacada,
circunvuela cada vez más cercano.
El cielo azafranado de la tarde
una legión esconde de dragones.
Chirría la chicharra. La tierra arde.
La campana lanza apagados sones.
Que el rubicundo Délfico nos guarde
de estos tórridos días de tizones.

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