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Posts Tagged ‘el vértigo’

En su habitación tenía una nuez de coco que había traído de uno de esos exóticos países a los que viajaba en busca de solución. No recordaba exactamente de cuál.
Desde la cama, donde estaba tendido, podía verla en mitad de la estantería. Ese objeto pintoresco que en su lugar de origen se utilizaba como recipiente, para él no era más que un adorno.
Reconoció que había renunciado al cambio radical al que aspiraba. No esperaba nacer de nuevo.
Sin embargo, la llama de ese deseo no se había apagado. El deseo de ser otro, de reconstruirse sobre sólidos cimientos, de orientarse en la dirección correcta, de sosegarse y vivir plenamente.
Rememoró un lejano episodio de su infancia, el punto de partida de su naufragio, según creía, el hecho fundacional de su desarreglo.
Se había acercado con paso decidido al borde de un despeñadero para contemplar el panorama. Pero cuando llegó y miró, experimentó tal crisis de vértigo que tuvo que tirarse al suelo. Con los ojos cerrados, arrastrándose, se alejó a duras penas del abismo.
Hasta que no estuvo lo suficientemente apartado, no se atrevió a sentarse primero y luego a ponerse de pie.
Esta experiencia lo desbarató. Había sentido con una fuerza inaudita la atracción del vacío. Si no se hubiese tumbado, la sima se lo habría tragado.
Ya a salvo, le temblaban las piernas y un sudor frío empapaba su cuerpo. Ésa fue la primera gran crisis.
¿Cuántos remedios había probado desde entonces para sustraerse a esa fascinación mortal, para neutralizar esa fuerza destructiva, para derrotar a ese enemigo implacable?
Lo último había sido lanzarse en paracaídas para propiciar una colosal descarga de adrenalina. Esta experiencia fue efectiva durante un tiempo pero, como había ocurrido con las anteriores, su beneficio se fue diluyendo y él volvió a estar expuesto a la parálisis de la angustia.
Podría hacer una larga lista, un detallado repertorio de terapias tradicionales y alternativas a las que había recurrido, sin que ninguna, incluso las que parecían más halagüeñas, se hubiese revelado verdaderamente transformadora. A medio plazo o antes todas desembocaban en la inoperancia, en la inanidad.
El salto en paracaídas fue, desde luego, impactante. Tuvo que superar su miedo a la altura, a los aviones y finalmente arrojarse al vacío.
Pensó que ésta era la experiencia definitiva, la que llevaba esperando tanto tiempo. O se descalabraba o se convertía en un hombre nuevo.
No ocurrió ni una cosa ni otra. Ni descalabro ni conversión. Sus demonios, tras haberse replegado durante una temporada, habían empuñado de nuevo los tridentes y se lo mostraban con sonrisas burlonas.
Se puso de lado en la cama, con la mano derecha bajo la cabeza. Había llegado a la conclusión de que el cambio radical, el giro copernicano no era una cuestión de voluntad. Era una gracia.
Su vida seguiría siendo una ardua peregrinación, un deambular jalonado de tropiezos y caídas, hasta que ese milagro se produjese.

 

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