II
Condenado al ostracismo, ninguneado, el patito se dirige a un rincón de la vivienda.
Pero el aire puro y la luz del sol lo incitan a hablar y a compartir su más íntimo anhelo, que es nadar.
Patas-Cortas achaca esa ventolera a la ociosidad. Y vuelve a la carga con su consabido alegato. Si supiera arquear el lomo o poner huevos, desecharía al punto esas novelerías.
Pero el patito insiste en el placer de nadar y en la felicidad de hundir la cabeza en el agua, e incluso bucear hasta el fondo del lago.
Esto es más de lo que la gallina puede soportar. Esas elucubraciones son la prueba de que el patito se ha vuelto loco. E, implacablemente, aduce que ni a Minet, que es la criatura más razonable que conoce, ni todavía menos a la vieja ama, que es una persona con una gran experiencia, les gusta zambullirse en el lago y sentir cómo el agua los cubre por completo. Si no la cree, que vaya a preguntárselo.
El patito no tiene la intención de hacer tal cosa. Abrumado, se limita a replicar que es un incomprendido.
Patas-Cortas, a quien irrita esta conclusión, le larga un sermón de padre y muy señor mío. Tras acusarlo de presuntuoso, le recuerda que debería estar agradecido. Dispone de una habitación caliente, se encuentra en compañía de otros seres de los que podría aprender mucho. Desde luego, vivir con él no es una delicia. Pero que conste que todo lo que dice es por su propio bien. Y no puede evitar, al final de su perorata, darle un consejo: “Intenta poner huevos o arquear el lomo”.
No hay nada que hacer. El patito feo lo ve con meridiana claridad. Patas-Cortas y Minet están pagados de sí mismos y son, de hecho, los amos de la casa.
Así pues, comunica a la gallina su decisión de irse a conocer mundo. Ésta no se opone. “Como quieras” responde.
Lo primero que hace el patito es satisfacer su deseo de darse un chapuzón en el lago y nadar largamente. Después, quién sabe. El otoño está al llegar. El viento, el frío, la lluvia. Pero eso es lo que él ha escogido: la libertad.
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El patito feo – Exégesis de un pasaje (y II)
Posted in Antología, tagged Hans Christian Andersen, la vieja, Minet, Patas-Cortas on enero 11, 2012| 2 Comments »
El patito feo – Exégesis de un pasaje (I)
Posted in Antología, tagged Hans Christian Andersen, la vieja, Minet, Patas-Cortas on enero 10, 2012| Leave a Comment »
I
El patito feo llega a la casa de una vieja que vive con un gato y una gallina, cada uno de los cuales es experto en un arte. El felino, que se llama Minet, entre otras habilidades, sabe arquear el lomo. El ave, a la que llaman Patas-Cortas porque es achaparrada, pone unos huevos estupendos. La vieja quiere al primero como si fuera su nieto, y a la segunda como si fuera su hija. Ambos gozan de una posición privilegiada y están muy celosos de sus prerrogativas.
Por eso, cuando descubrieron al patito, se pusieron a gruñir y a cloquear respectivamente. La vieja, sin embargo, se puso contenta, pues, debido a que era corta de vista, confundió al pato con una pata, la cual podía darle huevos. Por supuesto, cabía la posibilidad de que fuese un pato. Pero la vieja estaba dispuesta a conceder una oportunidad al recién llegado.
El problema se plantea cuando, pasadas tres semanas, el patito no responde a las expectativas depositadas en él.
Los encargados de ajustarle las cuentas serán Minet y Patas-Cortas, tan imbuidos de su importancia que tienen por costumbre decir: “Nosotros y el mundo”, considerando que ellos constituyen no sólo la mitad del mundo sino la mejor de las dos partes.
Patas-Cortas, que es quien ejerce de severo juez, le recordará al patito cuál es su lugar en la casa. Su argumentación es irrefutable. Le pregunta: “¿Sabes poner huevos?”. Y Minet, en la misma línea, remacha: “¿Sabes arquear el lomo?”.
El patito debe reconocer que no sabe hacer ni una cosa ni otra. El sumario queda listo. Tras haberse demostrado las graves insuficiencias del encausado, se dicta sentencia. “Ten la bondad de callarte” dice Patas-Cortas. “No tienes derecho a hablar” decreta Minet.