II
Las golondrinas salen a su encuentro
en alegre desbandada.
Las ranas y los sapos
se ponen a croar enloquecidos.
Hasta el tímido conejo
se asoma a la boca de su madriguera
para presenciar su llegada.
Su furia es proporcional a la calma que reina
cuando se retira a sus ignotos dominios.
Nada hay más bello
en los miles y miles de galaxias
que pueblan el universo,
que sus esponsales con el sol.
De esta unión que descompone la luz,
nace un arco perfecto y coloreado.
Sobre todo lo que se mueve o se está quieto,
sobre los ratones como sobre los elefantes,
sobre las casas y los champiñones silvestres,
sobre esto y sobre aquello,
sobre no se sabe cuántas cosas
que a lo mejor ni nombre tienen,
pero que no por eso son ignoradas por ella,
que todo moja, que todo limpia, que todo refresca,
¿quién puede ser sino ella?
La lluvia,
naturalmente.

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