En la clase predominaban los nombres bíblicos. Una de las alumnas, llamada Abigail, se daba manotazos como si estuviera espantando moscas.
El profesor de matemáticas, interrumpiendo su explicación en la pizarra, le preguntó: “¿Te pasa algo, Abigail?” “Me están tirando bolitas de papel” declaró.
El profesor se había percatado ya de ese bombardeo, pues algunos proyectiles habían caído en su propia mesa.
“¡Quien esté disparando bolitas de papel que deje de hacerlo!”.
Proferida lo más contundentemente posible, esta orden fue olímpicamente ignorada, de forma que acabó descubriendo al responsable.
Era Noé quien, escudándose tras sus compañeros, lanzaba los diminutos proyectiles a través de un bolígrafo que le servía de cerbatana.
El profesor, impostando la voz, repitió: “¡Quien esté tirando bolitas de papel que deje de hacerlo, si no quiere que lo mande al jefe de estudio con un parte de disciplina!”, medida que no pensaba tomar porque seguramente iba a traerle todavía más problemas.
Ni que decir tiene que, cuando el profesor se volvió para escribir en la pizarra, Noé reanudó su actividad.
Pero hete aquí que una de las que recibió un impacto fue Azufaifa.
Sin cortarse un pelo, cosa que estaba en absoluta contradicción con su personalidad, se levantó y dijo: “¿Quién es el maricón que está tirando bolitas?”.
Noé, que sabía con quién se estaba jugando los cuartos, en lugar de achantarse, se envalentonó.
“Yo soy, ¿pasa algo?”.
La filípica de Azufaifa, plagada de improperios y amenazas, azoró al profesor que se apresuró a intervenir: “Tranquilízate, que no es para tanto. A Abigail también le ha disparado. Incluso a mi mesa han llegado bolitas de papel. Siéntate, por favor, y deja este asunto en mis manos”.
Azufaifa, haciendo caso omiso de la recomendación, siguió fustigando a Noé que, puesto también de pie con su arma en la mano, desaprovechó otra magnífica ocasión de callarse.
“¿Tú quieres ver que te doy una hostia?”
Poniéndose en jarra y enfilándolo con ojos de gorgona, Azufaifa silabeó: “¿Que tú me vas a dar una hostia? Tú me vas a…”

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