32.-Que eso se te quite de la cabeza. Las condiciones ideales son propias del Empíreo, pertenecen al País de Nunca Jamás. En este mundo sólo existen las condiciones reales, que son las que son, unas veces más favorables y otras francamente complicadas. No hace falta que me extienda sobre este punto que tu propia experiencia confirmará sin duda.
No se trata de esperar esa maravillosa situación que nos permita expandirnos, dar la medida de lo que somos, realizar esos sueños que amorosamente acariciamos. Esa actitud no es más que un patético autoengaño. Una trampa que nos tendemos y en la que caemos de buen grado. Un expediente para encubrir nuestras carencias y limitaciones, de las que nadie está libre y que conforman las situaciones personales, ésas de las que hay que partir, las únicas sobre las que se puede construir algo.
Así que olvidémonos de ese espejismo y atengámonos a las circunstancias concretas, a las que a cada uno nos ha tocado en suerte, de las que hay una extensa gama, pero que raramente coinciden con nuestros deseos, o sólo de forma parcial.
Ponte a trabajar con los mimbres de que dispones, que seguro que puedes trenzar un bonito canasto. El cual no figurará nunca en la vitrina de un museo, ni falta que hace, pero que a ti te ha servido para desarrollar tus capacidades, para ocupar tu tiempo y para encauzar tu energía productivamente. Tus principales armas son tu resolución y tu pericia, y eres dueño de ambas. Los resultados van a depender mucho del uso que de ellas haga.
Los cambios óptimos, los maximalismos, las condiciones ideales son las excusas de los trápalas, de los que temen comprometerse, de los gandules, de los inútiles
Deja, pues, de lloriquear y sácale partido al día a día en la medida de tus fuerzas y habilidades, independientemente de que llueve o ventee, haga frío o calor.

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