
7
Fue como si algo o alguien me aspirara.
Deseché esta idea fantasiosa. A plena luz del día no podían ocurrir cosas raras.
Me bastó dar algunos pasos para salir de mi error. La sensación de estar siendo atraído por un imán se hizo más intensa.
Y esta fuerza magnética iba en aumento, arrastrándome al exterior. Lo cual no dejaba de tener gracia después del trabajo que me había costado entrar.
Cuando la atracción se hizo insoportable, dejé que actuase libremente.
En definitiva, fue un alivio verme flotando sobre la pradera.
El aire fresco, las bandadas de pájaros y las charcas rebosantes de vida me hicieron olvidar rápidamente la casa decrépita.
Sobrevolé un arroyuelo bordeado de carrizos con sus plumosos penachos de la temporada anterior. Más allá, inicié el descenso en una zona salpicada de miosotis azulados, en cuyo centro se hallaba ella.
8
Todas las edades parecían confluir en esa mujer de ojos claros (por más que lo intento, no logro recordar si glaucos o dorados), que destellaban como los de un niño travieso.
Tenía el pelo recogido en un rodete y la piel atezada, como si pasase mucho tiempo al aire libre.
Vestía una blusa blanca y un corpiño cerrado con un cordón. La falda estaba adornada con cintas multicolores.
Cuando me habló, pensé, tal era mi desconcierto, que se estaba dirigiendo a otra persona. Pero allí, aparte de nosotros dos, no había nadie más.
Creo que estuvo sermoneándome, aunque no recuerdo sus palabras sino, vagamente, el gesto reprobatorio de quien está echando una regañina.
Después de leer otra vez tu novela y este relato, voy dandome cuenta la habilidad que tienes para describir los procesos socológicos de tus personajes, cómo se conmueven con pequeños dealles y la manera en que la memoria es despertada al azar en el instante menos pensado…
Dado que por acá estamos en un frío otoño, el relato me resulta muy surrealista y, aunque no he comido caracoles, pienso que ver una cantidad como la descrita me haría gesticular una mueca de asco que – como latina – no disimularía…
Oh! Casi lo olvido, lo que más me ha agradado de tu relato es el poder visualizar los tonos de verde en la pradera.
Creo que la memoria ocupa un lugar importante en cualquier escritor, no sólo en Proust que mojó una magdalena en una taza de té o en un vaso de leche y, tras probarla, su memoria se activó y surgieron los varios tomos de «En busca del tiempo perdido».
Aparte de la observación de la realidad y de nuestras vivencias, aparte de la capacidad fabuladora de cada cual, la memoria, esa especie de archivo o registro de la historia personal, que incluye lo que fue y lo que pudo haber sido, es una de las fuentes más importantes de inspiración y de suministro de datos.
La alusión al gesto de asco del inglés y los caracoles es, por cierto, verídica. La única libertad que me he tomado es que se trataba de varios ingleses, no de uno solo.
Están buenos y no son baratos precisamente. Aquí se comen guisados, en una salsa muy sabrosa. En Francia, donde también se consumen, taponan la boca de los caracoles con una mezcla de mantequilla y perejil. La protagonista de Pretty Woman (Julia Roberts) los come en un restaurante de postín, adonde la lleva el hombre de negocios interpretado por Richard Gere.
En el sur de Chile el frío otoño y en el sur de España la más que cálida primavera. Hoy, por ejemplo, hace calor. Muy pronto la verde y hermosa pradera descrita en el relato estará seca.
Espero poder leer pronto algo tuyo. Supongo que el clima de Puerto Varas es propicio a la actividad literaria.