
En cálices de sangre
En cálices de fuego
Se consumen los días
Se consumen los sueños
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Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported
mayo 4, 2011 por Antonio Pavón Leal

En cálices de sangre
En cálices de fuego
Se consumen los días
Se consumen los sueños
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Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported
Qué bonitas fotos y qué contundentes y sentenciosos los versos! Ambos me han encantado.
Muchas gracias.
¡El Cáliz!, magistral…¡ El Cáliz!, se consumen los días, se consumen los sueños…y al instante los volvemos a encender, renovar para no perdernos. Preciosas fotos.
¡Qué sumamente positiva eres!
Intento serlo la mayor parte de veces Antonio, en otros momentos me decaigo y no soy tan positiva, pero vuelvo a levantarme, ya sabes la pequeña fuerza esa que nos levanta sin saber cómo.
En tus comentarios lo consigues.
En cuanto a tener altibajos, ¿quién no los tiene? Y haces, creo, lo que hacemos todos: ponernos en pie y continuar andando. Yo no he encontrado otra receta. Pero es verdad que hace falta un soplo vital, una esperanza, esa pequeña fuerza de que tú hablas, para, tal vez un poco maltrecho, proseguir el camino. Lo que popular y justamente se expresa como «tirar palante».
¿ Sabes Antonio?, estas pequeñas pero intensas conversaciones me recuerdan a D. Miguel Delibes, Gran Señor, sencillo, honesto y extraordinario escritor, él también mantenía una conversación sencilla con la Vida, y sobre todo con la naturaleza y sus gentes, así como nosotros intercambiando las sencillas palabras pero muy interiores.
Y lo de » tirar palante», me ha encantado
¡ Y la última página del Hereje, esa última e inolvidable página de la vida de Cipriano Salcedo!…Dios nunca se confunde…Todo queda en la última página que escribió D. Miguel…
Es un gusto saber que Delibes practicaba también este tipo de conversaciones. Pero no me extraña. Esos temas (la naturaleza, la vida, la gente) son el caldo del cultivo de la creación. Y él era un gran escritor.
Esa última página de «El Hereje» la releeré porque ahora mismo no recuerdo los detalles de la ejecución de Cipriano ni soy consciente de las claves encerradas en la conclusión de ese magnífico libro.