
II
Durante un rato, sin preguntarme nada, contemplo ese cuerno de la abundancia. Quizás debiera recogerlo todo y llevar el carro a casa. Puede venir un perro, pienso mientras miro los alimentos sin mover un dedo.
Un rumor, cada vez más intenso, me saca de mis cavilaciones. Me recuerda el lejano fragor de un trueno. Vuelvo la cabeza a un lado y a otro. Las calles siguen desiertas. El ruido, sin embargo, va en aumento. Ahora me recuerda el de una estampida de animales. Instintivamente me acerco a la pared. Luego subo al umbral de la casa de Teresita Matute.
La calle Tejano es ancha y no demasiado larga. Su tramo final se estrecha y desemboca en las afueras del pueblo, cerca de Los Albercones. Por ahí la veo venir.
Comprendo de inmediato lo que está pasando.
Mi abuela va la primera. Detrás de ella, los hilandarios forman un río tumultuoso, un monstruo de incontables cabezas y extremidades.
Mi abuela ha vuelto a liarla. Cada vez que esto ocurre, se organiza un guirigay espantoso. Unos quieren ayudar, otros divertirse. El caso es que en la persecución participan casi todos los habitantes del pueblo.
A pesar de sus años, mi abuela se conserva ágil y corre como un gamo. Cuando les saca ventaja, la mantiene durante mucho tiempo, de modo que numerosos vecinos, con la lengua fuera y fuertes dolores en el costado, se ven obligados a tirar la toalla.
Atrapar a mi abuela, ignoro por qué motivo, es un honor que todos ansían alcanzar.
A su paso, esa masa humana destrozó el carro de la compra y despachurró los alimentos. Mi abuela había esquivado esos obstáculos.
Su respiración era regular y su determinación inquebrantable. Me emocioné y me entraron ganas de mostrarle mi apoyo, pero soy un sosaina y me limité a mirar.

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
Mira las que se traía todo ese silencio de las calles de Las Hilandarias. No me cuesta imaginar a tu abuela haciendo correr a todos en el pueblo, 😀
Me quedo entre el deseo de salir corriendo también con la muchedumbre o quedarme contemplando al lado del carro de compras… tal vez no saldría corriendo, pero conocipendome le haría barra a la abuela para que el momento tenga toda la emoción de una competencia!
Me gustó mucho el cuento, felicitaciones!
PD: gracias por poner un link a mi blog 🙂
Correr tras ella o contemplar la carrera son las dos opciones del cuento. El narrador, que siente admiración por su abuela, elige la segunda. No se le pasa por la cabeza ponerse en medio de la calle para tratar de deternerla. Si hubiese sido un poco más resuelto, la habría animado. Llevar a casi todo un pueblo detrás es una proeza que no está al alcance de cualquiera.