
En los cortos días de invierno, sentado en mi sillón, con una manta sobre las piernas, observaba cómo las sombras invadían paulatinamente mi habitación.
Claridad vespertina. Penumbra. Oscuridad.
La luz de una farola diluía la oscuridad.
Después de almorzar me iba a mi dormitorio. Cogía un libro y me sentaba en el sillón. Luego encendía un cigarrillo y me ponía a leer junto al balcón. Novelas. Libros de viaje.
Claridad vespertina.
Un cigarrillo tras otro, me embebía en la lectura del libro. Poco a poco, las sombras se iban adueñando de la habitación. Finalmente, tenía que dejar de leer.
Penumbra.
Los muebles destacaban como masas lóbregas. Entonces encendía otro cigarrillo y trataba de no pensar en nada.
Oscuridad.
Así transcurrían unos minutos. El hechizo de esa hora era roto por la luz de la farola que se reflejaba en la cómoda barnizada.
Si me animaba, me levantaba del sillón, cogía el método y me ponía a solfear un rato.
In illo tempore (X)
julio 7, 2011 por Antonio Pavón Leal
Deja un comentario