No me comportaba como los demás. He aquí la prueba palmaria de que algo no andaba bien.
Algunos hechos corroboraban este juicio. El primero de ellos, mi negativa a seguir estudiando. Con el agravante de que era un alumno aplicado. No había nada que justificase mi abandono de los libros. Mi determinación era incomprensible.
Si hubiese presentado una alternativa, aun refunfuñando, se habrían dado por satisfechos. Se habrían podido decir a sí mismos y habrían podido decir a los demás: “Se niega a seguir estudiando, fijaos qué pena. Quiere hacer tal cosa o tal otra”.
Pero yo no me había tomado siquiera la molestia de buscar un subterfugio. No me había servido de ningún argumento para legitimar mi decisión. Me sustraía de entrada a cualquier escaramuza dialéctica.
Mi actitud corría el riesgo de ser entendida como una vulgar provocación.
La intervención de Jorge fue capital. Más tarde supe que logró convencer a mis padres de que se trataba de una “crisis propia de la edad”.
No creo que mi madre se tragase ese cuento. Pero eso era mejor que nada.
Reconozco que, gracias a esa “crisis de personalidad”, conseguí lo que más anhelaba en esos momentos: una tregua.
In illo tempore (XIII)
julio 27, 2011 por Antonio Pavón Leal

Amigo mio… ¡Ahí me has dao! en estos mismos momentos tengo a un joven en otra habitación que se niega por sistema a hacer nada de lo que tiene que hacer. Ahora dime ¿Como le doy la tregua para que no desperdicie su futuro?
Dios mio, que difícil es la vida, para él y para mi.
Un padre
Ya ves, Clinc (si no te importa, voy a apocopar tu largo nick), como has podido comprobar, éste es un blog literario y el que lo lleva por aspirante a escritor se tiene, que no a psicólogo. Y a pedagogo menos.
Lo que cuento en estos fragmentos un tanto deslavazados, mucho me temo que es una situación bastante generalizada hoy en día.
Te podría decir que, leyéndolos, a lo mejor sacabas algo en claro. Pero desde este momento te digo que no es así.
Este relato, y la crisis de su protagonista, tiene otra finalidad.
Como padre y como profesor, creo comprender lo que expones en tus breves líneas. ¿Qué puedo decir que no resulte trivial y que tú no sepas?
¿que hay que tener confianza, paciencia, mucha mano izquierda, control de los nervios, dar una de cal y otra de arena? Seguro que has probado todo eso. Así que me limitaré a desearte suerte y a darte las gracias por tu visita.
No te pedía más, y se me ha olvidado darte las gracias yo a ti que eres quien, en este caso , dona. Sigo paseando tu blog contento de andar leyendo lo que tú escribes, sólo que me ha pillado tan fresco el problema.
Un saludo y muchas gracias a ti, de Juan, que es mejor que el apócope.