
El psicólogo era un señor de cabeza oval y cara de empollón. Después de indicarme, con un movimiento de la mano, que me sentara en el sillón situado al otro lado de la mesa, justo en frente del suyo, me agasajó con lo que identifiqué con una sonrisa. A decir verdad, un leve estiramiento de labios.
Los primeros momentos de la entrevista los invertimos en estudiarnos mutuamente. Me chocó su aire de suficiencia. Sus gestos eran demasiado mesurados para ser naturales.
Según Jorge, era una eminencia en su oficio.
Tras anotar en un folio mis datos personales, me hizo dos o tres preguntas que nada tenían que ver con el objeto de mi visita, encaminadas, supongo, a crear un clima de confianza.
Con regularidad apoyaba el dedo índice de su mano izquierda en el puente de las gafas, que le resbalaban por la nariz, para colocarlas en su sitio. No tenía acento andaluz. Esto fue lo primero que dije por iniciativa propia.
Sonrió o estiró los labios y explicó que había nacido y estudiado en Madrid, pero llevaba viviendo en Sevilla mucho tiempo. De hecho, me aclaró, se consideraba más sevillano que madrileño.
Luego carraspeó y me comunicó que podía fumar si lo deseaba. Saqué mi paquete de cigarrillos y encendí uno. Él se cruzó de brazos.
Me había llegado el turno. No sabía por dónde empezar. Viendo mi apuro, al tiempo que encogía la nariz para evitar el deslizamiento de las gafas, aunque al final tuvo que recurrir al socorrido dedo índice, vino en mi ayuda: “Y bueno, ¿cuál es tu problema? ¿qué te pasa? Te escucho”.
Le dije que me negaba en redondo a proseguir mis estudios. “¿Y eso por qué?”. Me puse a hablar. De vez en cuando él hacía una anotación en el folio.
Así transcurrió la primera sesión. Amablemente, se puso en pie y me acompañó hasta la puerta de su despacho. Pude comprobar entonces lo bajo que era.
En el taxi, de vuelta a casa, me distraje contemplando los campos arados, que formaban un gigantesco damero ondulado.
In illo tempore (XXI)
septiembre 6, 2011 por Antonio Pavón Leal
Me sigo quedando con las ganas de leerlo entero. Me gusta, se que hay más, pero la dificultad hace que solo lea lo que vas publicando amigo. Y se positivamente que me va a gustar mucho más entero que a retazos.
¿Para cuando ese apartado de In illo tempore con la obra publicada completa?
Cuentas una visita al psicólogo y la cuentas estupendamente. tan estupendamente que te solicito encarecidamente poder leer lo demás de un tirón.
Muchísimas gracias y seguiré atento. Tanto a lo que vayas publicando como al apartado completo.
Un saludo sincero Antonio.
Gracias a tí, Juan, por tus palabras tan halagadoras para este plumilla.
Seguí el consejo que me diste en uno de tus comentarios. Puedes encontrar ordenadamente todos los fragmentos publicados hasta ahora de «In illo tempore» en la primera entrada -In illo tempore (I)-.
Me pareció una idea estupenda que no sólo he aplicado a esta narración, sino también al resto de los cuentos largos aparecidos. En la primera entrada se puede leer el relato completo, que es mucho más cómodo que tener que buscar los diferentes capítulos. Cordialmente.