II
Condenado al ostracismo, ninguneado, el patito se dirige a un rincón de la vivienda.
Pero el aire puro y la luz del sol lo incitan a hablar y a compartir su más íntimo anhelo, que es nadar.
Patas-Cortas achaca esa ventolera a la ociosidad. Y vuelve a la carga con su consabido alegato. Si supiera arquear el lomo o poner huevos, desecharía al punto esas novelerías.
Pero el patito insiste en el placer de nadar y en la felicidad de hundir la cabeza en el agua, e incluso bucear hasta el fondo del lago.
Esto es más de lo que la gallina puede soportar. Esas elucubraciones son la prueba de que el patito se ha vuelto loco. E, implacablemente, aduce que ni a Minet, que es la criatura más razonable que conoce, ni todavía menos a la vieja ama, que es una persona con una gran experiencia, les gusta zambullirse en el lago y sentir cómo el agua los cubre por completo. Si no la cree, que vaya a preguntárselo.
El patito no tiene la intención de hacer tal cosa. Abrumado, se limita a replicar que es un incomprendido.
Patas-Cortas, a quien irrita esta conclusión, le larga un sermón de padre y muy señor mío. Tras acusarlo de presuntuoso, le recuerda que debería estar agradecido. Dispone de una habitación caliente, se encuentra en compañía de otros seres de los que podría aprender mucho. Desde luego, vivir con él no es una delicia. Pero que conste que todo lo que dice es por su propio bien. Y no puede evitar, al final de su perorata, darle un consejo: “Intenta poner huevos o arquear el lomo”.
No hay nada que hacer. El patito feo lo ve con meridiana claridad. Patas-Cortas y Minet están pagados de sí mismos y son, de hecho, los amos de la casa.
Así pues, comunica a la gallina su decisión de irse a conocer mundo. Ésta no se opone. “Como quieras” responde.
Lo primero que hace el patito es satisfacer su deseo de darse un chapuzón en el lago y nadar largamente. Después, quién sabe. El otoño está al llegar. El viento, el frío, la lluvia. Pero eso es lo que él ha escogido: la libertad.
El patito feo – Exégesis de un pasaje (y II)
enero 11, 2012 por Antonio Pavón Leal
Es increible lo que un cuento tan sabido y repetido nos puede llegar a comunicar cuando se lee con ojos nuevos.
Efectivamente el fragmento que extraes nos recuerda lo maravillosa que es la libertad cuando se asume con responsabilidad, aceptando lo bueno y lo menos bueno que podemos conseguir actuando libremente. Pero,tanto si nos deparan nuestros actos libres algo bueno o malo habremos aprendido y madurado porque las decisiones han sido fruto de una opción personal libre.
Gracias por tu selección. Ha sido un regalo.
Una mirada nueva a cosas conocidas nos puede deparar la satisfacción de un descubrimiento. En este caso, no ha sido necesario que limpiase las legañas de mis ojos porque la relectura de El patito feo en su versión francesa ha sido un placer. Particularmente el pasaje que he glosado. La gallina Patas Cortas y el gato Minet son dos hallazgos literarios. Y también «humanos», porque eso tiene la buena literatura: que va más allá de las palabras.