!Cuánta utilidad se le han dado a estas lajas de pizarra a lo largo de toda la historia! Todavía me acuerdo de mi pizarra, pizarrín y trapo para borrar cuentas y poder hacer otras nuevas. En estos tiempos suena muy ecológico a la par que rudimentario.No obstante, el invento funcionaba y aprendíamos los que quisimos y pudimos hacerlo.Es más recuerdo que había, incluso, pizarrines de algún que otro color, aunque la imagen que predomina en mi memoria es la del gris de las pizarras, el marrón de las enormes mesas de madera, los bancos de madera, las sillas de anea, las carpetas de cuero marrón; por cierto, a veces bastante desgastadas del uso anterior de hermanos mayores. Todo se aprovechaba, a todo se le daba un segundo o tercer uso. Las utensilios se hacían a conciencia para que durasen, y el artesano estaba orgulloso de su trabajo bien hecho, por el que se le tenía en gran consideración.Contrasta con lo que ocurre ahora con los artículos de consumo. Justamente lo contrario.Se impone la poca calidad y el estar estrenando ropa, coche electodomésticos…. constantemente, si no no eres «cool» o te acusan de que así la economía no marcha.
La verdad es que se pone uno a pensar y la forma de vida que vivimos en nuestra niñez no tiene que ver nada con la de nuestros hijos. Porque, aunque les hayamos querido transmitir nuestros valores y forma de ver las cosas, su realidad, su mundo, ha sido y sigue siendo muy diferente al de nuestra niñez (que marca de una manera muy especial y contundente) por muy evolucionados y modernos que queramos o pretendamos ser. Los padres poco contaminados o con la cabeza muy en su sitio que no han perdido el norte en estos tiempos están teniendo muy difícil la educación de sus hijos porque hay que tener en cuenta que los padres perfectos no existen y ellos mismos se debaten en un mar de confusiones al querer conjugar sus valores, principios, formas de entender la realidad en un mundo, circunstancias y reglas del juego que muchas veces son frontalmente opuestas a las que, para bien y para mal, les han tocado vivir en estos tiempos a nuestros hijos. (tiempos del todo vale,confusión, del carpe diem, tonto el que no se aproveche de la coyuntura, mojigato si tiene inquietudes religiosas).
Chapeau!
Vaya la reflexión que te ha sugerido un par de fotos. Creo que es como dices. Nosotros somos de la época de las pizarras auténticas, no de las pizarras blancas en las que se escribe con rotulador. Y mucho menos de las pizarras digitales, en las que se escribe con dedo.
Como sugieres en tu post, que no comentario, la evolución de los tiempos se puede medir observando la de este soporte de la enseñanza, que parece que quieren arrinconar o escamotear. Como la enseñanza misma.
Buenísima al reflexión de Ángeles y completamente ajustada a estos tiempo modernos, tan extraños, caóticos y decadentes que nos está tocando vivir.
Pavón, Las fotos me parecen buenísimas y de una gran belleza. Parecen dos pinturas, dos cuadros que ningún pintor podría perfeccionar. Que buen ojo tienes para descubrir y plasmar las cosas bellas de la naturaleza.
Gracias, Gonzalo.
Se trata, en efecto, de una buena reflexión sugerida por ese instrumento de trabajo que para nosotros es la pizarra.
El mundo encierra mucha belleza. Basta con tener los ojos abiertos y detenerlos aquí y allá para descubrirla. Hay una frase que no he encontrado la ocasión de poner en boca de algún personaje. Una frase que, me parece, define nuestro entorno social y natural. Es ésta: «¡Cuánta belleza en un un mundo tan abyecto!».
!Cuánta utilidad se le han dado a estas lajas de pizarra a lo largo de toda la historia! Todavía me acuerdo de mi pizarra, pizarrín y trapo para borrar cuentas y poder hacer otras nuevas. En estos tiempos suena muy ecológico a la par que rudimentario.No obstante, el invento funcionaba y aprendíamos los que quisimos y pudimos hacerlo.Es más recuerdo que había, incluso, pizarrines de algún que otro color, aunque la imagen que predomina en mi memoria es la del gris de las pizarras, el marrón de las enormes mesas de madera, los bancos de madera, las sillas de anea, las carpetas de cuero marrón; por cierto, a veces bastante desgastadas del uso anterior de hermanos mayores. Todo se aprovechaba, a todo se le daba un segundo o tercer uso. Las utensilios se hacían a conciencia para que durasen, y el artesano estaba orgulloso de su trabajo bien hecho, por el que se le tenía en gran consideración.Contrasta con lo que ocurre ahora con los artículos de consumo. Justamente lo contrario.Se impone la poca calidad y el estar estrenando ropa, coche electodomésticos…. constantemente, si no no eres «cool» o te acusan de que así la economía no marcha.
La verdad es que se pone uno a pensar y la forma de vida que vivimos en nuestra niñez no tiene que ver nada con la de nuestros hijos. Porque, aunque les hayamos querido transmitir nuestros valores y forma de ver las cosas, su realidad, su mundo, ha sido y sigue siendo muy diferente al de nuestra niñez (que marca de una manera muy especial y contundente) por muy evolucionados y modernos que queramos o pretendamos ser. Los padres poco contaminados o con la cabeza muy en su sitio que no han perdido el norte en estos tiempos están teniendo muy difícil la educación de sus hijos porque hay que tener en cuenta que los padres perfectos no existen y ellos mismos se debaten en un mar de confusiones al querer conjugar sus valores, principios, formas de entender la realidad en un mundo, circunstancias y reglas del juego que muchas veces son frontalmente opuestas a las que, para bien y para mal, les han tocado vivir en estos tiempos a nuestros hijos. (tiempos del todo vale,confusión, del carpe diem, tonto el que no se aproveche de la coyuntura, mojigato si tiene inquietudes religiosas).
Chapeau!
Vaya la reflexión que te ha sugerido un par de fotos. Creo que es como dices. Nosotros somos de la época de las pizarras auténticas, no de las pizarras blancas en las que se escribe con rotulador. Y mucho menos de las pizarras digitales, en las que se escribe con dedo.
Como sugieres en tu post, que no comentario, la evolución de los tiempos se puede medir observando la de este soporte de la enseñanza, que parece que quieren arrinconar o escamotear. Como la enseñanza misma.
Buenísima al reflexión de Ángeles y completamente ajustada a estos tiempo modernos, tan extraños, caóticos y decadentes que nos está tocando vivir.
Pavón, Las fotos me parecen buenísimas y de una gran belleza. Parecen dos pinturas, dos cuadros que ningún pintor podría perfeccionar. Que buen ojo tienes para descubrir y plasmar las cosas bellas de la naturaleza.
Un abrazo a los dos, Gonzalo
Gracias, Gonzalo.
Se trata, en efecto, de una buena reflexión sugerida por ese instrumento de trabajo que para nosotros es la pizarra.
El mundo encierra mucha belleza. Basta con tener los ojos abiertos y detenerlos aquí y allá para descubrirla. Hay una frase que no he encontrado la ocasión de poner en boca de algún personaje. Una frase que, me parece, define nuestro entorno social y natural. Es ésta: «¡Cuánta belleza en un un mundo tan abyecto!».