La luna redonda y blanca asomó por encima de las copas de los árboles. Se oyó el graznido de un cuervo. No pude evitar un estremecimiento, como cuando vivía el viejo y me llamaba con su voz ronca.
Cuando sintió cercana la muerte, se empeñó en nombrarme hijo suyo. No quería que su estirpe se extinguiera. Pero yo sólo era un sirviente. Me negué.
En los rincones oscuros advertía su presencia. En mi cabeza resonaban sus amenazas y sus maldiciones. ¿Hasta cuándo podría seguir resistiendo?
Yo había sido testigo y cómplice y víctima de sus crímenes y de sus obscenidades. Pero no quería ser su hijo.
Cuando flaqueaba, como conocía su afición a los juegos de azar, le proponía uno con la condición de que me diese ventaja, pues sabía también que era un redomado tahúr.
En esta ocasión, sobre la mesa había siete piedras blancas y tres piedras negras. Me acerqué y las eché en la bolsa. Luego la agité y, sosteniéndole la mirada al cuervo que se había posado en el alféizar de la ventana, metí la mano.
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Las piedras blancas y negras me recuerdan a la novela de Paulo Coelho, El alquimista. En ella, su protagonista tenía un par de piedras, negra y blanca, guardadas en una bolsa que siempre llevaba consigo. Cuando se encontraba en una situación donde estaba obligado a decidir por un camino y era incapaz de encontrar más razones para tirar por uno que por el otro, metía la mano en la bolsa y sacaba una piedra. Curiosa la palabra tahúr, acentuada como aguda terminando en r. Saludos
Bueno, pues el el protagonista de la novela hace más o menos lo mismo que el de este minirrelato. Con ello no quiere decir que Coelho se haya inspirado en este texto para resolver el peliagudo problema de las decisiones, sino que se trata de un recurso frecuente: dejar que sea el azar quien marque el camino.
En el caso de este cuentito, el protagonista se enfrenta al mismo diablo que, entre otros títulos, ostenta el de redomado tahúr (palabra que no sé por qué se acentúa, pero que estoy seguro de que debe haber una razón, quizá para evitar una incorrecta pronunciación: «Táhur»). Con el objeto de obtener una tregua para no acabar convirtiéndose en su hijo, le pone al viejo tramposo la condición de jugar con más piedras blancas que negras.
Hasta ahora ha tenido suerte, pero el cuervo seguirá posándose en el alféizar de la ventana de tanto en tanto, y a lo mejor un día…Dios no lo quiera.
Creo que estoy cansada… me costó entender el relato, pero sí me di cuenta que está bien escrito, con las palabras justas…
Me dio susto tu cuento, no me gustaría que me pasen cuentas de esa forma…
Te costó entenderlo no sólo porque estabas cansada, sino porque en el relato no queda claro quizá que el viejo ya está muerto, pero el protagonista sigue sujeto a su influencia que percibe en la casa y dentro de sí mismo. La lucha que ahora mantiene es con esa interiorización del mal. De todas formas, está ese cuervo que se posa en el alféizar de la ventana, y con el que de vez en cuando, para obtener una tregua y no claudicar, echa una partida, deja su propio destino en manos del azar. Que descanses.
Significativo el juego de las piedras…y el cuervo, recuerda a Poe.Reflexiono una cuestión, ¿ cuando a una persona se le tacha de mala y lo dicen muchas otras?, tu te respondes, ¿ y si esa persona no es tan mala?, ¿ Y si es la verdadera buena persona y no interesa a los demás que enseñe la verdad?.
Las piedras blancas y negras…siempre será así…lo difícil es saber diferenciarlas. Interesantísimo e impresionante texto. Enhorabuena Antonio. Un abrazo.
El poema de Poe me impresionó la primera vez que lo leí. Ese siniestro «Nevermore» resuena de vez en cuando en mis oídos. Y a lo mejor en este relato.
Tus reflexiones (tus preguntas) son pertinentes. En efecto, puede ser así. Pero yo veo la realidad en relieve y de todos los colores, incluido el negro.
Gracias por tu(s) comentario(s). Un abrazo.
A veces en un pequeño Universo lo » negro» es la mayor blancura que pueda existir…y las envidias hacen el resto…mejor no dejarnos llevar por lo que digan los demás sino comprobar las cosas por ti mismo.
Le tengo mucho «respeto» a la maldad. Me guardo bien de trivializarla o negar su realidad. La negación es su mayor triunfo.
Tienes toda la razón Antonio, me he explicado mal, disculpas, tampoco me refiero a lo exactamente negro. Cierto que nunca se debe trivializar la maldad ni negarla porque existe y siempre ha existido en todos los tiempos.
Dejo un ejemplo, en cualquier pequeño lugar ( Universo), le llamo yo, digamos en un lugar de trabajo, dónde la mayoría de las personas sean envidiosas y esas cuestiones, en el fondo malas, y si existen una o dos que sean buenas, a veces los demás dirán de las dos buenas que son las malas( negras, pero no es que sean personas maliciosas). No sé si queda bien explicado, es a lo que me refiero. La mayoría de las personas se dejan influir por lo que dicen la misma mayoría y podemos confundirnos. No se me ocurriría trivializar la maldad ni en sueños, me expliqué mal. Un abrazo.
Hannah Arendt dice cosas muy interesantes y bien fundadas sobre este tema en su libro «Eichmann y el Holocausto», en el que queda patente lo que ella llama «la banalidad del mal», «ante la que las palabras y el pensamiento se sienten impotentes».
El mal no tiene por qué presentar un rostro espantoso, reconocible al primer golpe de vista, como en los cuentos infantiles. Antes bien, ocurre lo contrario. «Lo horrible puede ser no sólo grotesco, sino completamente cómico» (H. Arendt).
También dice esta filósofa lo siguiente, que me parece esclarecedor e ilustrativo de una actitud extendida en nuestra sociedad: «Cierto es que la moderna psicología y sociología, por no hablar ya de la moderna burocracia, nos han habituado grandemente a no atribuir responsabilidad al ejecutor de determinado acto, en virtud de tal o cual determinismo».
En tu ejemplo queda claro lo que quieres decir. Por desgracia es un hecho que sucede: que las personas honestas y veraces (buenas) son puestas en la picota.
He tenido un error de poner lo que es diferente como negro, no debemos exagerar las cosas cuando no llegan a tanto, así que vuelvo a ser consciente de mi no acierto.
Queda hecha la rectificación. En cualquier caso, creo haber entendido correctamente tu razonamiento del comentario anterior.
La diferencia da color a la vida. La uniformidad, como mínimo, es aburrida.
Hanna era y es una mente completamente lúcida y objetiva.