Dulzura de las tardes invernales
al amor de la lluvia y el brasero,
cuando el viento se vuelve mensajero
de verdades ignotas y cabales.
Lentos atardeceres estivales,
vuestra gloria radiante yo venero,
cuando moroso el resplandor postrero
pone fuego en vidrieras y cristales.
Del otoño azuleando en el estero
y embalsamando el aire con sus sales,
me llegan su tibieza y su tempero.
Iridiscentes luces cenitales
confluyen e iluminan por entero
tulipanes, glicinias y rosales.

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muy bueno si Sr.
Gracias, Joan. Que tengas una buena tarde de domingo y una buena semana.
¡Fantástico soneto! Perfecto en los acentos, la métrica y la rima. Y lo más importante, logra transmitir algo muy bonito.
Gracias, Iraultza, me alegro de que hayas apreciado la música y las imágenes de este soneto. Saludos cordiales.
Me gusta mucho el otoño y cómo lo reflejas en tu poema.Precioso y envolvente.
El otoño es mi estación preferida. Para mí es la más poética, la más misteriosa. Los días se van acortando hasta el solsticio de invierno y, como dices del soneto, te van envolviendo. Es una sensación sutil y vital.
La dulzura del amor resplandeciente llenando de azules verdades todo lo que toca. El misterio mágico de las palabras que endulzan no tiene precio.
Si eso te ha sugerido este soneto, si ésa es la experiencia estética y emocional que ha suscitado en ti, ciertamente, como autor, me siento recompensado.
Esta composición, que es un elogio de las estaciones: invierno, verano, otoño y primavera respectivamente, es una de las que me hacen revivir agradables momentos ligados a esos periodos del año.
Gracias por la oportuna canción de The Bee Gees.
Precioso poema Antonio.