Mis poemas (¿hace falta decirlo?)
se me parecen.
No son versos para grabar en mármol
ni proyectados para resistir
el despiadado paso de los años.
No son un prodigio de sencillez
engañosa ni de discreto ingenio.
A lo mejor cuando logre rehacerme
y el aire llegue limpio a mis pulmones
y la luz a mis ojos,
a lo mejor
entonces doy al mundo
auténticos poemas que trasluzcan
una sensibilidad exquisita.
También puede ocurrir
cuando me sienta libre
como un soplo de brisa
o una ráfaga de lluvia golpeando
sobre los cristales o los tejados,
que deje de escribir
porque ya no me haga ninguna falta.

Espero que sientas la libertad como esa brisa suave y bella, pero que nunca dejes de escribir! Un abrazo, feliz día Antonio.
Supongo que cuando uno alcanza la libertad, la plenitud, el gozo puro de existir, muchas cosas dejan de ser necesarias. De momento voy a seguir escribiendo con vistas a alcanzar o aproximarme lo más posible a esas realidades. Un abrazo.
Extraordinario poema, felicitaciones.
Gracias, Pastora. Que tengas una buena semana.
Siempre volverán las palabras a tí, Antonio, aunque algún día creas que no las necesitas, son grandes seductoras y bien comunicadas con cualquier mínimo incidente ocurrido ante nuestros ojos. Bonito: » porque ya no me haga ninguna falta», recuerda que nos acarician…ya no quedamos libre de ellas.
Las palabras serán mis fieles y leales compañeras a lo largo de la travesía de la vida, pero han sido y son tantas cosas que a lo mejor prescindo de esos apoyos y funciones, y me quedo tan sólo con el mero goce de su uso, con la pura felicidad de cantar.