I
Antes de ir a casa de Encarnación lo pensó dos veces porque conocía bien a su amiga y se conocía bien a sí misma. Y lógicamente concluyó que la visita podía convertirse en una trampa.
En el otro platillo de la balanza pesaba que Encarnación era la única persona que tenía cerca, y con la que tenía la suficiente confianza para acudir a ella en esos aciagos momentos.
El problema de Manolita era que iba por lana y salía trasquilada. Eso era lo que la paraba antes de dar el siguiente paso. Lo que hacía de ella una mujer reflexiva a pesar de sus escasas aptitudes y de su nula inclinación por los montajes mentales.
Le había estado doliendo el costado izquierdo y la espalda toda la noche, a la que cuadraba pintiparada la coletilla “de perros”. Por esa razón no pudo pegar ojo.
Por último, el dolor se le pasó a la parte posterior de la cabeza. Cuando se quiso levantar, le entraron tales mareos que tuvo que desistir, echándose sin querer sobre el lado que la martirizaba, por lo que tuvo que dar media vuelta rápidamente, quedando destapada y sin fuerzas para cubrirse con la manta.
El dolor de cabeza se agudizó y ella pensó que iba a volverse loca. Con mareos y todo, tuvo que levantarse, ir a la cocina y calentar un poco de leche para tomar dos Tonopán, porque si se tomaba las grageas con agua, le darían ardor de estómago, y bastantes molestias tenía ya.
Luego, apoyándose en la pared como si estuviera borracha, volvió a la cama donde se inmovilizó sobre su lado bueno, el derecho.
De la cocina se había traído una bolsa de plástico con hielo para ponérsela en la cabeza. Sosteniendo la bolsa con una mano, en posición semifetal y más quieta que un muerto, aguantó el resto de la noche.
Así la sorprendió la claridad del nuevo día que se coló en la habitación por los postigos entornados de la ventana. Pese a ser tempranera, Manolita no se dio por aludida y esperó todavía un buen rato antes de intentar ponerse en pie.
Desde que muriera su hermana Gertrudis, ella vivía sola y no tenía con quien compartir sus desdichas. Por eso, siendo consciente de que se exponía a un peligro, después de asearse y vestirse pero sin desayunar, se dirigió a casa de su vecina Encarnación.

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Bello.
Buenos días, Antonio.
Siempre disfruto su narrativa tan interesante y genuina.
«a la que cuadraba pintiparada la coletilla “de perros”. me ha desconcertado.
¿Me puede aclarar?
Mil gracias, my friend.
Con mucho gusto, amigo Remigio.
La frase completa dice así: «Le había estado doliendo el costado izquierdo y la espalda toda la noche, a la que cuadraba pintiparada la coletilla “de perros”.
La noche tan mala que había pasado Manolita podía ser calificada (le cuadraba pintiparada) de «noche de perros».
Tal vez la frase entre paréntesis es un poco rebuscada. «Pintiparado», como sabrás, al menos en el español que aquí hablamos, significa «muy adecuado u oportuno». Le cuadraba pintiparada significa, pues, que le venía muy bien ese añadido («de perros»).
Yo también disfruto mucho con lo que escribes, que me parece ingenioso y sustancioso, y con tu manejo tan lúdico y tan musical del idioma. Cordialmente.
Mil gracias, amigo Antonio.
Reblogueó esto en sara33ia.
Esto empieza realmente bien, has captado toda mi atención…ya sé que me repito pero me encanta la fluidez de tus relatos.
Preciosos los poemas que componen Vivir, viajar mis disculpas por no comentar antes, dispongo de menos tiempo pero siempre es un placer visitarte!!
Un abrazo.
Mañana es el desenlace de este cuento corto que espero no defraude tu expectativa. Me alegro de que te hayan gustado los poemas de «Vivir, viajar». Te doy las gracias por tus palabras, que son tan gratificantes para mí. Estás en un periodo de trabajo intenso, de creatividad y de cambios, lo cual absorbe tiempo y energía. Te deseo de corazón que tengas éxito. Un abrazo.
Seguro que no me defrauda,tienes razón en lo del trabajo, noto que cada día tengo menos tiempo y estoy mas cansada, seguro que tiene algo que ver con la próxima llegada de la primavera….
Gracias por tu apoyo y tus buenos deseos.
Un abrazo.
Hoy, en Sevilla, ha hecho un día, sobre todo una tarde, primaveral. Un día soleado, luminoso, en el que la ropa de abrigo sobraba. Aquí pasamos del frío al calor en un abrir y cerrar de ojos. Espero que este año no haya cambio de hora, porque esa es la puntilla para desbarajustarme los biorritmos. Cuidate.
Gracias Antonio, aquí también hemos pasado de las ciclogénesis explosivas a las gafas de sol…
Te vas a reír mi querido amigo Antonio, pero me he visto reflejada en muchas cosas con Manolita, yo también vivo sola (Bueno, con Berta mi perrilla) y cuando me pongo mala, voy así como queriendo sin querer hacer lo que no te queda más remedio, tal cual le pasa a la buena Manolita. Muy buen cuento, ahora voy a leer inquieta, qué sucede a continuación.
Un abrazo
No me río. Aunque tú no lo creas, yo, que no vivo solo, también me veo reflejado en ese personaje, en esa hija de mi magro talento, a la que espero haber tratado con el cariño y el respeto que se merece.
Feliz día para dejar que las cosas pasen simplemente.
Excelente, Antonio. Abrazote.