VI
Un mediodía de invierno en que uno de los contingentes de chavales no alcanzaba la mitad de sus componentes, y en que el aburrimiento los hacía bostezar, uno de ellos, el mismo que reía a mandíbula batiente cuando refería este hecho, ideó una variante para provocar a la banda rival que contaba con la mayoría de sus miembros.
En lugar de colocarse todos a la vista del enemigo y empezar a moverse rítmicamente al son de palmas y gritos, sería uno solo el que lo hiciera. El resto se emboscaría para tender una trampa. No hace falta decir a quien le cupo el honor de servir de cebo.
Mientras sus compañeros se deslizaban como anguilas por entre los peñascos y los matorrales, nuestro hombre esperó pacientemente el aviso para encaramarse en la roca de superficie superior amplia y plana que utilizaban para ese fin.
Por fin recibió la señal. A partir de este momento los acontecimientos se precipitaron y se embrollaron. Las consecuencias, sin embargo, no admiten discusión.
La otra pandilla observó a ese iluso moviendo las caderas, dando saltitos, levantando en alto las manos que sostenían una honda y una vara de acebuche, canturreando la frase de marras en singular, es decir, provocando en solitario.
Como los otros no eran tontos, esa fantochada les olió a chamusquina y tomaron las medidas oportunas. Como tontos tampoco eran los que habían instado al zangolotino a subir a la plataforma de piedra, sabiendo que estaban en franca inferioridad numérica, pusieron el cuerpo a buen recaudo.
Se retiraron a una distancia prudencial: ni demasiado cerca para verse involucrados en una refriega en la que llevaban las de perder, ni demasiado lejos para no presenciar el desenlace de su charranada.
En lo alto de la roca el niño seguía contoneándose y gritando: “¡Quiero guerra! ¡Quiero guerra!”.

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Such a fantastic shot of an amazing dragonfly. Superb color!
Several shots were required. But in the end I think I managed to capture the grace of the dragonfly.
Thanks for your comment. Have a happy evening.
El cuerpo me duele por anticipado…
La crueldad y el mal existen. La nobleza y la bondad también. El niño zangolotino es un ejemplo de esto último. Gracias por tu comentario y por tu empatía. Un abrazo.
Ay nooo. Las terribles dinámicas de grupo.
Yo creo que se trata de una faena, de una canallada al amparo, eso sí, de la dinámica de grupo a la que haces mención. A quien se le ocurrió la idea sabía con bastante exactitud qué podía ocurrir. Y no le importó ponerla en práctica.