XVI
Beltrán era otra cosa, era un tipo vulgar.
Ante los poderosos gustaba de enseñar
y mover el trasero.
Con esta inocua broma los hacía reír.
Una buena patada también darle podían,
si eso les divertía.
La situación cambiaba cuando los otros eran
de inferior condición. Entonces se mostraba
violento, sanguinario.
Destrozaba a su presa igual que una alimaña.
Realizada la hazaña,
volvía con sus amos, el rabo entre las patas.
Una sonrisa vil en sus labios flotaba.

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🙂
Magistral Antonio, expresarlo mejor, imposible. » Esas sonrisillas en los labios con venenos en el alma» como decía Jaume Vicens-Vives. Son curiosas las pataditas en las espinillas de los demás y decir…¡ perdón ha sido sin querer!, vamos sin querer…queriendo.
Hay sonrisas venenosas, sonrisas siniestras, sonrisas bajunas como la de este personaje que tan indignamente se comporta.
Pero también hay sonrisas luminosas, sonrisas amables, sonrisas que uno se apresura a devolver.
Por cierto Antonio, no quites la mágica foto principal de tu blog, muy acertada, bueno puedes cambiarla de vez en cuando, para dinamizar la vista, pero luego nos la vuelve a dejar, por fa.
Eso haré: dejar la foto y cambiarla de vez en cuando para variar y marcar el paso de las estaciones. Es lo que vengo haciendo.
Este paisaje de la sierra de Aracena es la insignia de El Bosque Silencioso.
Oscar Wilde decía esto: » Como mala persona soy un completo desastre. Hay montones de gente que afirman que no he hecho nada malo en toda mi vida. Por supuesto sólo se atreven a decirlo a mis espaldas.». Todo en la vida debería explicarlo un personaje genial de Wilde » Lord Goring» de su obra » Un marido ideal, divertida y magnífica obra.
Algunos personajillos del Bestiario, los menos malos, si escuchasen música pudiera ser que no fueran tan malos.
Oscar Wilde era muy ingenioso y tenía además un gran sentido del humor (inglés). No es malo quien, sin las cualidades necesarias, se empeña en serlo, sino quien lo es. Este sujeto lo consigue sin proponérselo, con los ojos cerrados.
Seguro que los personajes de este Bestiario, de los que todavía quedan por desfilar unos cuantos impresentables de categoría, si escuchasen buena música, leyesen (simplemente leyesen) y paseasen, serían menos nocivos. No sé. A Hitler le encantaba la música clásica.
Un imprensentable patético, sin duda, y de los que abundan tantos en estos tiempos donde el éxito se describe con signo monetario y con el ejercicio inmoral y unilateral del poder.
Este bestiario es todo un relicario de nuestra realidad. Gracias, maestro, por compartirlo con quienes te admiramos y seguimos fielmente.
Al amigo, un abrazo lleno de afecto y muy apretado.
Estos tipos proliferan. Mezquinos «per se», viven encandilados con el poder. Cuando lo ejercen, son feroces.
Estos tipos, con su ramalazo bufonesco, tienen dos caras muy feas: una servil y otra despótica. Un abrazo.