Éramos tres mujeres y un servidor que íbamos en coche al trabajo. Cada día uno de nosotros llevaba el suyo. Así economizábamos y el viaje, presuntamente, se hacía más corto.
Por lo general hablo poco. Prefiero escuchar y contemplar el paisaje. Más lo segundo que lo primero. Mis compañeras, incluso por la mañana temprano, prefieren hablar. Siempre tienen que contar un montón de cosas.
En una ocasión abordaron el tema del feminismo. Como de costumbre, yo permanecía calladito en mi rincón, detrás de la conductora.
A bocajarro, de forma que me sentí violento, me preguntaron cuál era mi opinión sobre el aborto.
Les respondí lo que pensaba, que no era lo que ellas esperaban, y que no les gustó.
Se hizo un silencio embarazoso. Una de mis compañeras me miró de través, con una media sonrisa, y dijo: “Pero tú no eres una mujer”.
“Si lo fuera, sería la mujer barbuda” repliqué. Por desgracia su sentido del humor las había abandonado y ninguna celebró mi ocurrencia.

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Jajaja, te imagino.
Cuento esta anécdota tomándome algunas libertades literarias. Me resulta molesta e impertinente la actitud de quien te interpela dando por supuesto lo que piensas. Y, claro, puede ocurrir perfectamente que se lleve un chasco 🙂
🙂
Y para qué preguntan si no querían saber!!! Lo mejor de las preguntas es una respuesta no esperada y zas conversación garantizada. Pero por la mañana mejor un rico cafe y silencio. Muy bueno, un abrazo
A veces preguntamos para que nos regalen los oídos. Y si no nos dicen lo que esperamos escuchar, nos enfurruñamos, a no ser que tengamos el suficiente sentido del humor para contrarrestar ese imprevisto. No me gusta discutir a ninguna hora. Por la mañana, sin pensarlo, me apunto al silencio y a ese café humeante. Un abrazo.
Ese silencio embarazoso me ha hecho reír. Beso!
Gracias, Beatriz, por el comentario. Buen fin de semana.
Me gustó la broma, qué pena que a ellas no, jejejeje
Un abrazo!
No la apreciaron. Su sentido del humor las abandonó, como se precisa en el relato, y se quedaron serias, sin saber por dónde tirar. Las fijaciones de cada uno son terreno prohíbido, con ellas no se juega 🙂
Mollas !
Acabo de ver esa palabra en otro lado y
le va muy justo aquí.
Un saludo cordial de Domingo.
Conozco esa palabra en su acepción de «acumulación de grasa en el cuerpo», pero no en ese sentido sorpresivo, del cual deduzco que el cuentito te ha resultado divertido. Saludos cordiales, amigo Domingo.
En realidad Molas con una sola [ l ] se usa popularmente
por acá para denotar que has sido aplastante con tu respuesta y sí fue muy divertido.
Quise decir un saludo en este domingo.
Vaya, se ha producido un equívoco. Pensé que «demiannicolas» era un seudónimo o un «nick», en la jerga actual, y que tu verdadero nombre, al ver la palabra con mayúscula, era domingo.
«Molar» se usa también en España. Tiene el sentido de gustar o agradar mucho una cosa. Una frase popular es: «Mola cantidad».
Breve, certero y divertido. Me ha gustado mucho.
Me alegro de que te haya gustado. Eso quiere decir que tienes sentido del humor. Feliz Año Nuevo.
Genial … Esos temas jamas llegaran a una verdad absoluta. Estaría genial para dibujar 🙂
Anímate. Si el texto te inspira una ilustración, me encantará verla. Avísame si la publicas. De cualquier manera estaré atento a tu blog.
Gracias dibujaré esa escena.
Quedo a la espera 🙂
Genial respuesta Antonio a tus compañeras de viaje…¡ qué risa!. La vida no dicen que hay que tomarla con filosofía pues también con humor y restar seriedad a los temas tan manidos de siempre. Por cierto es verdad que las mujeres hablamos más, así duramos más biológicamente según Luís Rojas Marcos, encantador Señor.
Magnífico: » Por lo general hablo poco. Prefiero escuchar y contemplar el paisaje. Más lo segundo que lo primero».
Sobre todo, creo, la vida hay que tomársela con un mínimo de humor. Pero mientras más, mejor. La rigidez, la literalidad, los esquemas convierten la convivencia en un infierno.
Una prueba de que las mujeres hablan más la tienes en estos episodios.
A mí, que soy callado, me admira esa capacidad. Una vez, durante un viaje de varias horas, siendo yo el conductor, dos de ellas no pararon de hablar ni un minuto. ¿Cómo pueden?