II
Eras todo un maestro en el arte dudoso
de ejercer el desprecio.
Mas debo comenzar confesando que yo
me sentí fascinado.
En torno a ti giraban el mundo, las personas.
Aquel mundo pequeño, que era el nuestro de entonces,
tan pequeño y hermoso,
no era más que un teatro y tú el protagonista,
los demás los comparsas, que tan sólo eran alguien
cuando tú los mirabas, cuando tú los tocabas
y entraban en contacto con tu augusta persona.

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El problema que luego cae el telón y la inexorable realidad le devolvía a ser quizá otro.
Saludos.
Pero en el poema se habla de la representación. Cuando cae el telón, todos somos otros. ¿O hay quien consigue ser siempre el mismo?
Saludos cordiales.
«Mas debo comenzar confesando que yo
me sentí fascinado.» Para mi esta es la clave, en este punto empieza el calvario, el quedarse «atrapado» (tal como describiste en el Bestiario I). Siempre me sorprendes con la multitud de facetas del ser humano que logras…uhmmm…..»atrapar» 😉 en un poema o relato. Abrazo con ventarrón desde Málaga.
Sí, Rosa. La fascinación es la madre del cordero. Cuando la sufres o quedas atrapado en ella, no hay escapatoria. La fascinación es una maldición. Una vez dentro del agua no vale de nada echar de menos la tierra. Lo que hay que hacer, lo único que se puede hacer, es nadar lo mejor posible, tratar de mantenerse a flote.
Todos los seres humanos estamos expuestos a ese peligro (la fascinación) de tan onerosas consecuencias.
Afortunadamente el verbo «atrapar» tiene otras acepciones. La que tú utilizas en segundo lugar (en el sentido de aprehender y plasmar) me gusta más.
Un abrazo en este frío y soleado día sevillano.
Un personaje muy verdadero o deberíamos decir más bien muchas personas con la misma particularidad. A veces, como si se tratase de una interferencia se cruza a este tipo de personas la personalidad contraria, y quizás quedan atrapados por la segunda, de manera espontánea, sin ellos darse cuenta tan siquiera, aparece la excepción por el camino de la vida, aunque nunca dejan su soberbia del todo, su vanidad…pero sí, este tipo de personalidad puede ser derrotada por otra mucho más sencilla. » El mirar por encima del hombro»…¡que importante somos!…se dicen los presumidos, pero alguien aparece y les demuestra que están equivocados.
Quien desprecia a los demás esconde lo más primordial que se desprecian a ellos mismos en primer término.
Este tipo de persona es temible, pues posee un indudable ascendente sobre los demás. Es engreído y consciente de esas cualidades que le permiten ejercer poder y colocarse por encima del prójimo.
En efecto hay mucha soberbia en esa manera de ser.
¿La vida nos pone en nuestro sitio? A menudo así es. Pero es una dura prueba o un arduo aprendizaje, mirado desde otro ángulo, convivir o haber tenido trato con ese tipo de persona que sólo contempla al otro en función de sí mismo.
Dudo que el desprecio a los demás encubra inseguridad o desprecio a sí mismo. En cualquier caso el problema es que los demás, no todos, entran en ese juego nefasto impuesto por un tunante. Y hay que tener mucha determinación para desmarcarse.
Muchos vanidosos esconden una personalidad llena de complejos.
Antonio tu duda también es aceptable y certera: » Dudo que el desprecio a los demás encubra inseguridad o desprecio a sí mismo», sin embargo no dudo de la otra opción que yo planteo.¡ Que bien cuando concuerda varias opciones!
Habría que ver cada caso en concreto para averiguar qué hay detrás. A veces no hay nada, todo está a la vista. Otras veces nos podemos llevar una sorpresa. Hay que aplicar siempre el discernimiento.
La realidad es multiforme, contradictoria, rica. A la hora de interpretarla caben diversas opciones, cada una de las cuales arroja su luz, dentro de unos límites. Ciertamente hay explicaciones disparatadas.
Construir Puentes de Concordia…admitiendo lúcidamente las distintas posibilidades sin desprestigiar, para mí una gozada. Si una opción tiene cabida…¿ por qué absurdamente rechazarla?, es mejor posición tenerla en cuenta y agrandamos nuestros Conocimientos.
Los seres humanos somos puentes (no objetos ni votos, etc.). ¡Qué integradora eres! Ojalá hubiese muchas personas como tú. Ése es el camino: fusionar las distintas posturas y alcanzar el suprasentido. Ése es el camino de lo venidero (Jung).
Te deseo una agradable y fructífera semana.
Hay demasiados especialistas en «el arte dudoso de ejercer el desprecio». me ha gustado mucho como has resuelto el poema.
¡Saludos!
Ni siquiera dudoso. No es un arte pero sí una habilidad de la que hay no pocos maestros. Saludos cordiales.