Mis tres compañeras de coche y trabajo están afectadas prácticamente por igual de los mismos tics progres, que conforman una larga lista. La morenita, a la que no le falta un perejil, ha hecho bandera de la causa del ateísmo y no desaprovecha la ocasión de dar un palo.
En uno de nuestros desplazamientos le pregunté por las razones de su arraigada increencia.
Descabalgó a Dios, convirtiéndose en una atea beligerante y proselitista, cuando era joven, en un viaje de estudio y placer que hizo a Madrid, con visitas a Ávila, Segovia, Toledo y otras ciudades castellanas.
Pues bien, en el trayecto en autobús de Madrid a El Escorial, le dieron unos retortijones de tripas que se tradujeron en unas ganas locas de evacuar. Como no estaban lejos de su destino, se encomendó a Dios y le rogó que le permitiera aguantar los pocos kilómetros que faltaban.
Rezó con devoción. No le cabía duda de que Dios podía hacerle ese pequeñísimo favor. Ella no quería pedirle al conductor que parara en medio de la carretera. Pensaba que con la discreta intervención de la omnipotencia divina podría llegar hasta los servicios del bar más cercano.
Pero Dios no le concedió ese anhelado margen de maniobra. De hecho, ni siquiera se dignó aliviar su dolor de vientre. Todavía más. Los acontecimientos se precipitaron y ni siquiera tuvo tiempo de solicitar la ayuda humana del chófer e implorarle que aparcase donde fuera, produciéndose el fatal desenlace fisiológico.
Desde ese penoso incidente, la morenita, que ya tenía dudas al respecto, concluyó que Dios no existía. La prueba palmaria era que no le había hecho el favor de refrenar el ímpetu de sus intestinos unos minutos más. Esa inhibición demostraba su inexistencia o, lo que para el caso es lo mismo, su suprema indiferencia.
“¿Y por cagarte encima perdiste la fe?” “Si tú supieras la vergüenza que pasé, te harías cargo” “Por supuesto. Contra esa experiencia se estrellan de plano las cinco vías tomistas y el argumento ontológico de san Anselmo de Canterbury”.
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Dios fue creado por el hombre a su imagen y semejanza. Creo que fue Nieschte el que lo dijo.
El hombre tiene diferentes ideas, afirmativas y negativas, sobre Dios. Una es la que tú expones que, como cualquier otra, puede sustentar una actitud intransigente.
El cuentecito es, o quiere ser, un tratamiento humorístico de esa impostura. Cordialmente.
Te tengo que nominar, no hay más remedio. Te felicito por el premio. Aquí te informas. Enhorabuena otra vez.https://soytaller.wordpress.com/2015/02/11/nominacion/
Muchas gracias, Enrique, por esta distinción con que honras a El Bosque Silencioso. No veo en ello necesidad sino benevolencia por tu parte. Un abrazo.
🙂
Qué chaquetera tu amiga.. Jajajaja Yo soy atea.. Pero lo soy para todo. XD (Con todo mi respeto para los cristianos!)
Jajajajaja Me ha encantado esa última parte del post..! 😀
Saludos 🙂
Se trata de un cuento que ciertamente contiene un fondo de verdad externa, digamos. He mezclado ingredientes ficticios y reales (lo que se hace por lo general cuando se escribe literatura) y he compuesto este relato. Me alegro de que te hayas divertido leyéndolo. Saludos cordiales.
El texto juega de manera perfecta con el humor y la seriedad. Es tan cotidiana la anécdota y tan actual la duda existencial. Supiste armar un relato redondo, divertidísimo y con su dejo de reflexión, como es habitual en tu escritura, Antonio.
Relato delicioso, a no dudarlo, y gracias por este regalo que nos has dado a tus admiradores. Tu pluma es de esas que son indispensables.
Te mando un enorme abrazo, amigo.
El tema del ateísmo no, pero el de manifestarse creyente es, me parece, uno de los pocos que producen escándalo, sobre todo en ciertos círculos que se tienen por avanzados. Es, sin duda, un tema subversivo. Es curioso que declararse ateo sea un timbre de gloria mientras que, para ese mismo declarante, escuchar la idea contraria sea un pretexto para ponerse a chirriar.
El cuentecito versa sobre eso y sobre la insustancialidad de las posicionamientos humanos, a menudo motivados por trivialidades que no resisten un soplido.
Pero no hay (o hay escaso) respeto, no hay integración. Prima la estrechez de miras y la autocomplacencia sobre las que se dibuja el claroscuro del fanatismo. Por mucho que se niegue o sirva de befa, la dimensión y la aspiración trascendentes del ser humano van estar siempre ahí, desde el principio de los tiempos hasta su consumación.
Muchas gracias a ti, Ernesto, por tu valoración crítica y, sobre todo, por tu amistad. Un fuerte abrazo.
En efecto, Antonio,lo que antes escandalizaba tanto, que era el declararse ateo o agnóstico, lo es hoy el reconocer que se tiene espiritualidad o, más aún, que se practica una religión, principalmente la católica.
Estamos en tiempos donde las preferencias religiosas o no religiosas, el color de la piel, las diferencias lingüísticas, las orientaciones sexuales y demás tópicos relativos deberían haberse superado, y más bien estar ocupados en la búsqueda del perfeccionamiento intelectual y espiritual, con miras a una humanidad evolucionada.
Te mando un gran abrazo, cher Antonio.
Feliz fin de semana.
Tu écris très bien.
Soy ateo (atea?) pero no pienso que sea más inteligente que los creyentes. Soy por el respeto de todos y siempre porque los ateos no tienen nada que defender, que se olvide. Estoy contra las comunidades que se olvidan los otros.
Pardon pour mon espagnol ! 🙂
No hay nada que perdonar. Te expresas correctamente en español. Como eres una mujer, se dice «atea». La lengua de Cervantes se presta bien a diferenciar los géneros.
La idea que me he hecho de ti, tras haber leído numerosos artículos tuyos, coincide con lo que expones. Me refiero a tu sentido de la libertad, del respeto, de la lucidez. En general comparto tu visión, pero ciertamente tus planteamientos me desbordan. Supongo que eso se debe a la edad, a la educación, a mi situación familiar (casado, con tres hijos), a mi formación intelectual, a mi historia personal, en suma. Me admira tu compromiso (la palabra «militancia» no se cuenta entre mis preferidas) en pro de valores que sólo pueden redundar en beneficio de todos.
Olvidarnos de los otros, es condenarnos al aislamiento (no digo a la soledad a la que tanto cariño le tengo).
Reçois tous mes voeux de bonheur.
Gracias. Tu eres siempre un placer de leer 🙂
Mi postura respecto al ateismo la debes conocer de sobra. Lo que quiero es solo mencionar que esta clase de alusiones a necesidades tan cotidianas y naturales a las que haces referencia con un gran sentido humorístico son las que me hacen estallar en carcajadas. El cuento quedó genial en todas las aristas con las que siempre estructuras tus escritos.
Saludos cordiales
Celebro que te haya divertido este cuentecito en el que se analiza, desde un punto de vista humorístico, el tema del ateísmo, que es una de las señas de identidad más ostentosas de la posmodernidad, uno de sus buques o, más bien, autobuses insignia. Un tema que provoca en sus representantes y defensores reacciones en las que prima el desdén, la burla e incluso la agresividad. Cordialmente.
Este relato me ha hecho saltar las lágrimas de risa. Yo soy creyente y siempre me estoy encomendando a Dios para mil cosas, pero te aseguro que mis intestinos no están regidos por el Creador, porque no te puedes imaginar en cuántos apuros me ponen 🙂 y no por eso voy a dejar de creer en Dios que es un padre protector y generoso en todos los sentidos. Me ha divertido mucho leerlo. Gracias !
Entre la afirmación, que se me antoja rabiosa, del dionisiaco Nietzsche: “Gott ist tot” (Dios ha muerto), y la, para mí, más serena: “Dios es. Ése es el hecho primordial. Con el objeto de descubrirlo por nosotros mismo, por experiencia directa, existimos” de Aldous Huxley, me quedo con la segunda que es una aceptación del sentido de nuestros actos, es decir, de la vida, que es una puerta abierta a la infinitud. Por supuesto, teniendo en cuenta todas las necesidades fisiológicas, de arriba abajo, del ser humano, así como los apuros en que nos pone la vida y las perradas que nos gasta. Debo añadir que sitúo la fe o la esperanza (que cada cual escoja la que guste o las dos) al mismo nivel que las necesidades antedichas. Las considero todas vitales, primarias.
El cuentecito parodia la actitud de quien, mirándote con jactancia, un punto provocador, cuando este tema se plantea, espeta: “Es que yo soy ateo”, de forma que hay que hacer un esfuerzo para contenerse y no replicar: “¿A quién le importa eso?”. Un abrazo.
Me gusta mucho la idea de Huxley de que el motivo de la vida es para que cada cual, a través de ella, descubra a Dios por sus propias experiencias. Yo también me quedo con esa idea que viene a corroborar lo que en el transcurso de los años he ido experimentando y descubriendo. Por otra parte está el sentido de la responsabilidad individual, no podemos echarle la culpa a Dios de cosas que nos vienen dadas por hacer las cosas de forma incorrecta, tomar decisiones equivocadas, comer mal, fumar, beber…, es evidente que si hacemos cosas que no nos convienen, tendremos que pagar el precio y en eso creo que Dios no tiene nada que ver y por tanto no debemos hacerle responsable a El de lo que nos acarreamos nosotros mismos actuando incorrectamente. Y sí que es verdad que hay una serie de necesidades espirituales primarias que son necesarias para vivir con plenitud esta corta experiencia vital, la Esperanza, la Fe y también la Caridad, El Amor que es la misma expresión y manifestación de Dios en el Universo. Cuando hay Amor todo se allana tanto, todo fluye, todo se apacigua y muchas cosas dejan de ser importantes y pasan a ser trivialidades. Dios es grande y es pequeño y creo que esto es así para que cada cual tenga la oportunidad de descubrirlo allá donde mas le guste. Abrazos
Poco que añadir a tu matizada reflexión sobre este tema. Sólo voy a citar lo que Aldous Huxley dice del amor: «Dios es amor, y hay momentos de dicha en los que incluso para los seres humanos no regenerados está garantizado conocer a Dios como amor».
Que tengas una agradable semana.