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Posts Tagged ‘euforia’

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Estuve sopesando los pros y los contras de alcanzar un cierto grado de euforia que me hiciese más llevadera la velada. Opté por el tinto. Agua, con la que estaba cayendo, teníamos bastante. Los nubarrones empezaron a descargar con fuerza cuando llegamos a la casa.

Sobre la mesa de nogal cubierta por un mantel bordado había copas de cristal tallado. Cuando se pasaban los dedos por ellas, se tenía la impresión de estar acariciando un diamante. Las copas tuvieron su parte de responsabilidad en mi decisión de entonarme. Incitaban a que las cogiesen, a que las sostuviesen en la mano, a que jugueteasen con ellas.

Hubo otros dos factores que me dieron el empujoncito final. El vino se merecía todos los honores que le rindieran. Era un tinto del Alto Duero sin mucho cuerpo. Un invitado que se las daba de conocedor, hizo un discreto gesto de desaprobación.

Se colaba sin sentir, suavemente. Nuestro entendido de pacotilla confundió esta facilidad con la de un aguapié. Lo mejor de este rubí líquido era su matizado regusto.

Su sabor y su aroma a manzanas y membrillos madurados al calor del tibio sol otoñal te conquistaban.

El otro factor fue Elena y sus impertinencias. La charla era distendida. El ambiente agradable. Había una buena predisposición general, como suele ocurrir en estos casos.

Fue ése el momento que ella escogió para introducir una piedrecita en el delicado engranaje social.

Contó la historia del filete de hígado de la que fue protagonista Olaya, uno de los presentes. Estaban en un restaurante y, cuando el camarero puso el plato en la mesa, ella no pudo evitar hacer un gesto de asco y murmurar: “¡Se va a comer eso!”. El aludido reconoció que el filete no estaba hecho, por lo que lo devolvió a la cocina para que lo pasasen por la plancha otra vez. Esbozando un nuevo visaje, Elena añadió: “A mí me dieron bascas”.

Un gesto descalificatorio, una observación aparentemente festiva, una actitud desganada. La gama de recursos escénicos de Elena es amplia y eficaz. Olaya se sintió incómodo. Incluso dio explicaciones innecesarias. Había sido objeto de una sutil ridiculización. Y no le gustó aunque lo disimuló. Pero así es Elena. Sus intervenciones marcan un antes y un después. Este resultado lo consigue sin descomponerse. Cuando se alude a su dulzura, por prudencia me callo.

 

 

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                             VIII
Aunque ciertamente ningún bando lo quería en sus filas cuando jugaban a marro, el que se veía en el brete de incorporarlo no se arrepentía.
El zangolotino, dada su complexión, era presa fácil para un corredor mediano, pero su falta de agilidad y rapidez la suplía con su euforia que contagiaba a los miembros de su equipo haciéndolos redoblar sus esfuerzos y realizar increíbles hazañas, así como también con una notable perspicacia a la hora de planear jugadas.
Posteriormente nadie le reconocía sus méritos, lo cual no parecía importarle demasiado. Con su sonrisa bobalicona escuchaba los comentarios sin que se le pasara por la cabeza reivindicar su aportación que otro se apropiaba, que era minimizada por las proezas físicas con que otros chavales se cubrían de gloria, o que quedaba diluida en el contexto general del encuentro.
Pero donde brillaba su ingenio era en la construcción de represas y en todas las actividades que implicaran habilidad manual.
Mengano que no comparte en absoluto la opinión de fulano respecto a este niño de aire tranquilo y bonachón, siempre dispuesto a colaborar, cuenta entre sus recuerdos más felices las lluviosas jornadas pasadas en su compañía.
Repartidos en grupos que no sobrepasaban los tres o cuatro miembros, se dedicaban a embalsar el agua de los arroyos. Una vez realizados dichos trabajos de ingeniería, se hacía un estudio comparativo de los mismos para dirimir la delicada cuestión de cuál era el mejor.
Normalmente no se llegaba a un acuerdo. El amor propio de los participantes, aparte de impedirles ser imparciales, aguzaba su capacidad técnica convirtiéndolos en verdaderos expertos en descubrir fallos y fullerías.
No era insólito que este examen acabase en la destrucción a patadas de uno o varios de estos rudimentarios pantanos por motivos de vanidad o de envidia.

 

 

 

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