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Posts Tagged ‘herrero’

                               XV
Había anochecido. A medida que transcurría el tiempo, el zangolotino iba perdiendo la confianza en los otros. Con seguridad habría sufrido un ataque de nervios, de hecho empezaba a faltarle el aliento, si no llega a ser por la intervención de dos hombres que regresaban a sus casas.
Cuando los adultos aparecieron, prevalecía la opinión de que había que ir a buscar a un herrero para que, con el utensilio adecuado, doblase o cortase el barrote. A nadie se le escapaba, empero, las dificultades de esa propuesta.
Los hombres se acercaron e identificaron al niño atrapado moviendo la cabeza en señal de desaprobación. Después de asustar a la concurrencia, que ya lo estaba, con dar parte a la guardia civil, al alcalde e incluso al juez de paz, y soltar un sermón condenando ciertos juegos que podían desembocar, y ahí tenían la prueba, en desgracias personales, pusieron manos a la obra.
Uno de los adultos aseguró que si había entrado, tenía que salir.
Primero estudiaron con detenimiento la situación e intercambiaron impresiones. Luego empezaron a manipular al imprudente recurriendo a la maña más que a la fuerza, pues no se trataba de desmembrarlo sino de liberarlo.
El otro adulto, que había escuchado un retazo de la discusión de los chiquillos, comentó con sorna que harían bien en ir a buscar una sierra, un serrucho o una segueta. Necesitarían cualquiera de esas herramientas no para cortar el hierro sino las orejas de ese mocoso, las cuales eran el obstáculo para que saliese la cabeza, como el vientre lo era para que entrase todo el cuerpo.
Los compadres, colocados al lado del niño, con la punta de los dedos, pegaron las orejas encarnadas y calientes al cráneo. Luego uno de ellos apoyó su mano libre en la coronilla y empujó suavemente.
Aplausos y gritos de júbilo rubricaron el éxito del rescate todavía incompleto. Pero lo más difícil ya estaba hecho.

 

 

 

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