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Posts Tagged ‘desasosiego’

Estaba de visita
en una casa extraña,
hablando por hablar,
escuchando, sonriendo,
una taza bebiendo
ya fría de café.
De pronto me levanto
mientras busco una excusa.
Callejeo sin rumbo.
No sé por qué me he ido.
Anuncios luminosos,
semáforos y coches,
bares de donde sale
un murmullo incesante.
Me detengo un momento
ante un escaparate.
Recorro con la vista
los objetos expuestos.
Parada del dieciocho.
En mitad de la plaza
San Fernando a caballo.
Un chirrido de frenos,
de puertas automáticas.
Permanezco de pie,
agarrado a la barra.
Finalmente me siento
y la causa comprendo
de mi desasosiego.
Me siento, te contemplo.

 

 

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El narrador va en coche en dirección a Sintra porque no puede pasar la noche en Lisboa, pero sabe que, cuando llegue, tampoco podrá pasarla allí y sentirá deseos de regresar a la capital. Ni el lugar de procedencia ni el lugar de destino son satisfactorios.
La evanescente felicidad acaso esté en los ojos de ese niño que, desde la ventana de arriba de una casucha al borde de la carretera, ve pasar el viejo Chevrolet y sueña que quien va dentro es afortunado. Y eso mismo es lo que el conductor piensa de los habitantes de la modesta vivienda, de ese niño o de esa muchacha que se afana en la cocina.
Pero tal estado no existe. Todo es pura ilusión. Un juego de espejos que reflejan las imágenes engañosas de nuestros deseos.
Una de las consecuencias de ese desasosiego son esas huidas, esos desplazamientos sin objeto que sólo sirven para corroborar la imposibilidad de permanecer en ningún sitio sin sentir de inmediato el hastío.

(…)
conduzco a solas, conduzco casi despacio, y un poco me parece,
o me esfuerzo porque un poco me parezca,
que sigo por otra carretera, por otro sueño, por otro mundo,
(…)

Voy a pasar la noche en Sintra por no poder pasarla en Lisboa,
mas cuando llegue a Sintra me apenará no haberme quedado en Lisboa.
Siempre esta inquietud sin propósito, sin nexo, sin consecuencia,
siempre, siempre, siempre
(…)

A la izquierda, ya atrás, la casucha modesta, menos que modesta.
Allí la vida debe de ser feliz, sólo porque no es la mía.
Si alguien me vio por la ventana, soñará: ése sí que es feliz.
Para el niño que atisbaba detrás de los cristales de la ventana de arriba
tal vez yo haya quedado como un sueño, como un hada real.
Para la muchacha que al oír el motor miró por la ventana de la cocina,
desde el piso de abajo,
tal vez yo fuese algo así como el príncipe que hay en todo corazón de muchacha,
y de reojo pegada al cristal me siguiese hasta la curva en que me perdí.

(…)

En la carretera de Sintra al filo de la medianoche,
en la carretera de Sintra, qué cansancio de la propia imaginación,
por la carretera de Sintra, cada vez más cerca de Sintra,
por la carretera de Sintra, cada vez menos cerca de mí…

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