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Posts Tagged ‘introversión’

01 de mayo de 2014 04572.- Si se tiene el sentido de la trascendencia y de la sacralidad, la muerte no es más que un tránsito. El momento de la devolución de lo que fue dado. Un descanso. Un regreso. El fin de la enfermedad llamada vida. Si no se tiene ese sentido, es lo mismo pero sin la asistencia de la esperanza. A lo mejor ni siquiera esa diferencia. Las ilusiones echan raíces profundas. Cuanto más locas las primeras, más tenaces las segundas.

73.-Hay épocas en las que se multiplican los tristes bufones con su retahíla de insultos, obscenidades, provocaciones y parodias chocarreras. Se pone en solfa y se despelleja a quien se tiene en frente porque su cara y andares no gustan.

Pero al que miro tan críticamente, me mira también. También yo estoy en frente.

Da igual. Hay épocas en las que se prefiere minar el terreno. El mismo para todos.

74.- Digo: “Los políticos de altura guardan irremediablemente varios cadáveres en su armario” Emma: “¿De altura o de bajura?” “Ese dato demuestra que se trata de un practicante de la alta política” “¿Y no te parece un dato escandaloso?” “Lo es, sin duda. Pero todavía más deprimente es comprobar que, cuando esa información sale a la luz pública, más aún, cuando el estadista en cuestión se quita la máscara, la mayoría de la gente, no digo sus fieles que, esos, aplauden el gesto y justifican los crímenes, no se inmuta”.

75.-En líneas generales el hombre tiende a la introversión y la mujer a la extroversión que es un valor en alza, una actitud mucho más apreciada que su opuesta. Este es uno de los signos de la sociedad actual donde quien calla incomoda, donde se prefiere el parloteo al silencio, donde al retraído se le coloca la etiqueta de bicho raro y al que no para de enredar la de animador e incluso dinamizador sociocultural.

76.-Todas las revoluciones cuentan en su haber con miles o millones de muertos, empezando por la francesa de 1789 y acabando por la de los Jemeres Rojos (1975-79). A quien se le llena la boca con esa palabra, implícita o explícitamente, está de acuerdo con las carnicerías perpetradas. De uno u otro modo las considera necesarias. Eso sí, siempre y cuando sea a otro a quien conduzcan a la guillotina o al campo de concentración. Se sobreentiende o se entiende claramente lo que este defensor y admirador piensa: la revolución hay que aplicársela al prójimo.

77.-Cuando el artista se siente atrapado, se produce el cortocircuito. Un pensamiento puede ser la causa del fatídico accidente. Un “por qué no” es la tijera que corta un cable haciendo saltar las primeras chispas. Un inocuo “por qué no” es el interruptor de la descarga de adrenalina que paraliza, que afloja las piernas, que cubre de sudor frío el cogote. Es sólo cuestión de minutos o de segundos que el artista pierda pie y dé un batacazo.

También puede ocurrir que, una vez pulsado el interruptor, la adrenalina se vierta gota a gota en el organismo. El artista empezará a experimentar una tensión paulatina, una tracción muscular en la base del cráneo, en la coronilla, en las sienes, en los hombros, en toda la cintura escapular, que irá en aumento. Como una zarpa que aprieta inmisericorde. Como un arco cada vez más tirante. El resultado es el mismo que en el caso anterior.

 

 

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Sus recuerdos estaban tan difuminados que era incapaz de reconstruir los rasgos de la cara, de pintar el color de los ojos y del pelo, de precisar el timbre de la voz.
El abandono prematuro había condicionado el conjunto de sus posteriores relaciones con los demás.
Tan pronto como su pareja de turno le manifestaba su deseo de tener un hijo, él empezaba a replegarse.
La insinuación de la chica removía el cieno de esa vieja historia de ausencia, nunca superada, vivida por él como un injusto destierro.
Al principio se escapaba por la tangente, pero tarde o temprano llegaba el fatídico momento de dar la cara. Su respuesta era invariablemente negativa.
Su problema contaba también. Dejando a un lado su introversión, su falta de confianza, su inexpugnable reserva, él sufría crisis a las que gráficamente denominaba cortocircuitos.
Estos fallos lo desconectaban de la realidad. Según uno de los médicos consultados se trataba de una “disfunción psíquica” que no revestía gravedad, y que estaba relacionada con su tendencia a la ensoñación.
La semana pasada, en casa de su última ex novia, se repitió como una maldición la escena final de este drama.
Ella le había ofrecido una copa de un licor con sabor a violetas. En la etiqueta de la botella se leía “Parfait Amour”. Él fue consciente de lo que se avecinaba.
La empalagosa bebida no tardó en convertirse en jalea de gasolina, que inflamó los ánimos y provocó una explosión de reproches, acusaciones, gritos y gestos de abatimiento.
Se volvió a preguntar si, al principio, antes de que su padre desapareciera, hubo amor. La respuesta fue afirmativa. Un gran amor frustrado que lo inhabilitaba para asumir la paternidad.

 

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