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Posts Tagged ‘la sierra’

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Luisa susurró algo pero con el ruido del coche nadie se enteró de nada.

“¿Qué ha dicho?” se interesó Pedrote inclinándose sobre su vecina que lo despidió de un empujón. “No te eches encima” “Bueno, bueno” “Ni bueno ni malo”.

Luisa masculló otra frase ininteligible. “Habla más alto” dije.

Por fin, articuló con nitidez: “No tiene cabeza”. Pedrote contuvo una risotada. “¿Quién no tiene cabeza?” “El ocupante del asiento delantero” “Pero si ese asiento está vacío” objetó Carmelina.

No hice ningún comentario. Desde el principio del viaje había advertido una presencia extraña a mi lado.

La declaración de Luisa surtió efecto y Carmelina dejó de hostigarme. Pedrote se limitó a apostillar: “Si lo dices tú…”.

Nos adentrábamos en la sierra. Tuve que redoblar mi atención. A las corrientes de oscuridad había que sumar la estrechez y la sinuosidad de la carretera.

Cruzamos un pueblo con una sola calle. Delante de las casas había arriates de geranios. No soplaba una gota de aire. Dejamos atrás la iglesita rematada por una espadaña y seguimos nuestro viaje.

El zumbido del motor se intensificó cuando empezamos a subir una cuesta empinada. Al coronarla el coche mantuvo la misma aceleración pero dejó de avanzar.

“¿Qué pasa ahora?” preguntó Pedrote. Las encinas venían a nuestro encuentro y nos sobrepasaban por ambos lados. Los mandos del seíta, incluido el volante, no me respondían.

“Haz algo” dijo Luisa. Pero yo estaba hipnotizado viendo cómo, a derecha e izquierda, el campo giraba perezosamente como dos discos gigantescos.

 

 

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El sabor de la eternidadEl sabor de la eternidad

 

 

 

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Otra vez, en la sierra, emprendiste el ascenso
de uno de aquellos montes. Aunque no estabas solo,
te sentías así. Era una soledad
interna, inexplicable.

La subida era dura pues no había senderos.
Hubo que abrirse paso por entre los jarales,
por entre las aulagas, hasta alcanzar la cumbre.
¿Para qué ese trabajo?

Y como por encanto surgió dentro de ti
una angustia mortal. Sentiste que la muerte
alargaba su mano en busca de la tuya.
Los pájaros y el viento dejaron de agitarse.
El río en el barranco era una cinta inmóvil.
El tiempo se detuvo.

Entonces era joven. Eso que me has contado
no es nada, son recuerdos.

El sabor de la eternidadEl sabor de la eternidad

 

 

 

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