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Posts Tagged ‘resfriado’

Agradezco a Salvela (http://salvela.wordpress.com/2013/12/09/el-crimen-de-porfirio/)
su invitación a participar en el concurso de relatos cortos organizado por la autora del blog Gaviotas con Amor (http://gaviotasconamor.wordpress.com/)

Éstas son las seis direcciones de los blogs a los que, a mi vez, invito a participar:

http://narracionesycuentos.wordpress.com/

http://miradab.wordpress.com/

http://remigiosol.wordpress.com/

http://literaturageneralycomparada.wordpress.com/

http://ernestocisnerosrivera.wordpress.com/

http://desireejimenez.com/

 

Y éste es mi relato:

 

Conocí a Mauricio Monzón una despejada mañana de principios de primavera. Como me suele ocurrir en los cambios de estación, había cogido un resfriado tremendo. Estornudaba, tenía la nariz congestionada, me dolía la cabeza. Confieso que no presté atención a sus palabras. Sólo recuerdo que sus gestos y su verborrea salpicada de retóricas preguntas suscitaron en mí una mezcla de lástima y desprecio.
Si el azar no nos hubiese juntado de nuevo, habría olvidado por completo la existencia de un poeta llamado Mauricio Monzón. En esta ocasión me regaló un libro de poemas que había publicado recientemente.
Me hizo saborear “in situ” algunas de sus composiciones más logradas y me arrancó elogios que yo estaba lejos de sentir.

-o-

Después de desayunar me dirigí al despacho con la intención de preparar las lecciones de la semana próxima. No más sentarme a la mesa me percaté de que no iba a preparar nada. No obstante, estuve un rato garabateando en una cuartilla y mirando la pared de enfrente.
Finalmente me levanté y empecé a andar por la habitación. En uno de esos paseos me acerqué a la mesa, abrí uno de los cajones y saqué una carpeta azul.
Con la carpeta debajo del brazo me fui al patio, a un rincón del patio. No sabía por qué estaba haciendo eso. No podía pensar.
Los fui quemando uno a uno. El humo de los papeles ennegreció levemente los ladrillos de la pared.

-o-

Cerré la carpeta vacía y regresé al despacho. Me senté de nuevo y me puse a juguetear con la pluma que reposaba encima de la cuartilla.
Me sobresalté al comprobar que la hoja no estaba virgen. Había algo escrito. La cogí y leí:

Hay poco que decir
Soñé con la eternidad
Y olvidé darle cuerda a mi reloj

 

 

 

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