El Demonio sonríe, ¿qué otra cosa hacer puede?
Sentado en sus dominios, más parece un filósofo
que un príncipe infernal. ¡Lo que cambian los tiempos!
Los buenos viejos tiempos también para él pasaron.
El tiempo en que luchaba por conseguir un alma.
El tiempo en que podía tentar de mil maneras
a los hijos del hombre.
Pero aquello pasó, aquellos regateos
que tanto le gustaban, y la firma, por último,
con sangre de la víctima, inútil requisito
que chiflaba a los hombres, tan dados a las notas
pintorescas, folclóricas.
Y abatido confiesa: “Ni siquiera trabajo.
Aquí paso mis días, marchito, cabizbajo”.

He leído tu poema » El Demonio sonrie…» y me ha gustado mucho. Una forma estupenda de decir sin decir que las conciencias se han vuelto relajadas y que la falta de principios impera. Los dos versos finales son un broche de oro porque queda patente la magnitud del problema, con el pobre demonio deprimido porque no tiene ya a quien tentar. ¡Genial!
Gracias, Guille, por tu comentario en el que queda de manifiesto que has captado el sentido del poema.