«Ta tvam asi» (fórmula sánscrita)

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Posted in Fotos, tagged "Eso eres tú" (fórmula sánscrita), Hermes, palacio de la Condesa de Lebrija, sala de Hermes, torso on julio 12, 2016| 1 Comment »
«Ta tvam asi» (fórmula sánscrita)

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Posted in Anotaciones, tagged “whatsapp”, Florencia, fotos, Galería Uffizi, grupos, mensajes, Roma, Santa María del Fiore, Venecia on julio 11, 2016| 14 Comments »
99.-“Estoy hasta el gorro del whatsapp«, declara Emma mirando de reojo su móvil, como si fuese una animalillo traicionero que en cualquier momento le puede hacer una faena.
“No sabes la cantidad de mensajes que recibo al cabo del día. Hay ciertas horas en que –y titubea un momento– el telefonito –iba a llamarlo bicho– no para de lanzar llamadas. Una de mis amigas confiesa que no puede abstenerse de obedecer y acude corriendo a la señal. No es mi caso. Cada vez me muestro más reacia. ¿Yo, que he sido siempre tan rebelde e inmanejable, me voy a plegar ahora a un chisme?”.
“Cuesta trabajo concebirte en actitud tan servil” confirmo.
“Estoy por borrarme de los grupos de los que formo parte, incluido al que me apunté voluntariamente. No te quiero contar a los que accedí graciosamente a integrarme, a los que consentí para no hacer un feo a quien me lo propuso.
“Hay miembros de esos grupos que ignoro de dónde sacan tiempo para enviar textos y fotos con tanta frecuencia. Da la impresión de que, cada vez que hacen algo, lo que quiera que sea: una compra, entrar o salir de casa, fumarse un cigarrillo o sacar dinero del cajero automático, lo notifican.
“Normalmente te sientes obligada a responder y consignar por escrito la banalidad que en ese preciso momento estás desarrollando.
“Lo que sobrellevo peor son las crónicas de viajes. En esa coyuntura las fotos se multiplican. Se puede afirmar que foto que hacen, foto que reexpiden in situ y en el acto.” “Claro” apunto “como todo ese trabajo se hace con el mismo aparato” “Eso facilita el bombardeo”.
“¿Por qué las crónicas de viajes?” “De viajes, de bodas, de bautizos, de fiestas, de cualquier acontecimiento social…Tengo mis dudas de que el objetivo de esa actividad sea meramente informativo” “No te entiendo” “No quiero ser más malpensada de lo que es menester, pero, consciente o inconscientemente, no se puede negar que la intención es dar dentera. No hace falta que glose este punto: mira adónde he ido, mira lo que he hecho, mira la langosta que me estoy comiendo, etc.”.
“Aunque no soy muy viajera, tampoco soy tan sedentaria como tú. Así que esa profusión de imágenes acompañadas de las correspondientes notas encomiásticas me resulta, cuando menos, molesta. Y a menudo irritante. De hecho, le estoy cogiendo ojeriza a Venecia y a Roma, entre otras ciudades y regiones.
“¿Tú no ves malignidad en esa práctica? ¿Por qué lo primero que algunos hacen es mandar un whatsapp a los componentes del grupo que están todavía en la cama esperando que suene el despertador, o que se están mirando en el espejo con cara de pocos amigos, para comunicarles: estamos en Florencia, desayunamos rápido, vamos a visitar la Galería Uffizi y Santa María del Fiore?”.
“Es verdad que no soy viajero. O quizá sea más exacto decir que me gusta viajar en unas condiciones ideales que no pertenecen a este mundo masificado y turístico. Comprendo tu malestar, y que cuestiones la sana intencionalidad de esa proliferación de mensajes, cuya evaluación es asunto tuyo que eres la que posees los datos y la que conoces a las personas”.
“¿Tú no perteneces a ningún grupo?” “Voy a incrementar mi fama de raro, pero la respuesta es negativa. De momento me mantengo al margen de esa modalidad comunicativa”.

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Posted in Árboles y plantas, tagged alcachofas silvestres, alcaucil, Cynara cardunculus on julio 7, 2016| 20 Comments »

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Posted in Cuentos, tagged el conferenciante jesuita, el cura, el hundimiento, el ufólogo, NASA, noviembre, ovnis, paseo de Colón, Quique, Sevilla, teatro Lope de Vega, telepatía on julio 6, 2016| 7 Comments »
Afortunadamente llegamos a Sevilla. Los ocupantes del coche se callaron un rato. Por el Paseo de Colón nos dirigimos a la sala donde tendría lugar la representación. Estaba extrañado de que durante todo el trayecto no se hubiese hecho la menor alusión a la obra. Sólo se abordó la cuestión ufológica y sus implicaciones en otras áreas.
Cuando nos apeamos, con inmenso alivio por mi parte, inhalé una gran bocanada de aire y pregunté: “¿Vamos a ver una tragedia o una comedia?”. Los otros se quedaron mirándome como si hubiese dicho un disparate. Yo miré a mi amigo Quique, que adoptó una actitud ambigua.
El ufólogo, colocándose las gafas en su sitio, dijo: “¿Cómo?” El Lope de Vega estaba frente a nosotros. A la entrada había bastante gente. El cura, haciendo un calambur, explicó: “Vamos a un teatro pero no al teatro”.
Mientras nos encaminábamos a la marquesina que sobresale de la fachada del ecléctico edificio, pregunté a Quique: “¿Tú estás también en la inopia?”. Lo estaba pero no le importaba. Para él lo importante era salir del pueblo.
Nos instalamos en el patio de butacas y esperamos a que empezase la función. Pero no se levantó el telón rojo de pliegues ondeados. Al cabo de un rato salió un clérigo trajeado de negro con alzacuello blanco, alto, elegante, con las manos cogidas a la altura del pecho que movía en simbólicos abrazos a los espectadores, los cuales lo recibieron con una ovación.
Se trataba de un jesuita experto en parapsicología. “¿Será esto una señal?” murmuré. Quique, que aplaudía como si fuese otro fan, siempre atento a lo que sucedía a su alrededor aunque fuese un balbuceo, me preguntó: “¿Qué has dicho?” “Nada. Estoy interesado en saber cuál va a ser el tema de la conferencia”.
Era la telepatía. Un escalofrío me recorrió el espinazo. La disertación duró una hora. El jesuita, que era todo un showman, finalizaba con una batería de demostraciones prácticas a las que dedicaba treinta minutos más. Esta ilustración era el plato fuerte del espectáculo.
Yo estaba sentado en una butaca junto al pasillo central, justo en frente del conferenciante que, micrófono en mano, haciendo gala de un aplomo abrumador, escrutaba las filas en busca de un conejillo para su primer experimento.

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Posted in Árboles y plantas, tagged arbusto arpa, olor a alcanfor, planta del incienso, Plectranthus coleoides, plectranto on julio 5, 2016| 3 Comments »

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Posted in Cuentos, tagged el conferenciante jesuita, el cura, el hundimiento, el ufólogo, NASA, noviembre, ovnis, paseo de Colón, Quique, Sevilla, teatro Lope de Vega, telepatía on julio 4, 2016| Leave a Comment »
Era mi primera salida tras el hundimiento. Íbamos a ver una representación. Eso creía. Hacía tiempo que no asistía a una. Me dejé convencer por mi amigo Quique. Formábamos un grupo variopinto constituido por nosotros dos, un cura, un ufólogo y una quinta persona que, por más que me esfuerzo en ponerle cara, no recuerdo quién es.
Me resultó raro que el promotor de esta actividad fuera el aficionado a los platillos volantes e historias afines. Ignoraba que también lo fuera al teatro.
Quizá la culpa de la confusión la tenga mi amigo Quique, que suele embarullar las cosas por conveniencia o por verbosidad. De todas formas debo declarar que estoy en deuda con él. Gracias a su insistencia, a su entusiasmo, a sus exageraciones, me animé a hacer mi primera incursión en el exterior.
Me tendría que haber escamado que no supiera el título de la obra o al menos el nombre del autor. Aunque es verdad que él tenía por costumbre inventarse lo que no sabía sin reparos ni remordimientos, en este caso reconoció que no se los había preguntado al cura, que era quien le había propuesto ir al teatro con él y el ufólogo. Quique, por su parte, se tomó la libertad de invitarme a mí, a lo que, cuando se enteraron, no se opusieron los demás, pues en el coche había sitio.
Era a finales de noviembre. Durante el viaje a Sevilla, ya de noche, el ufólogo, que hablaba a increíble velocidad, en un estilo farragoso, hizo un recuento de las últimas apariciones de platillos volantes. Alguien dijo que éramos objeto de curiosidad para los extraterrestres y quién sabe si no nos encontrábamos en los prolegómenos de una invasión.
El ufólogo, que iba en el asiento del copiloto, se volvió y negó rotundamente tal posibilidad. Si, con su avanzadísima tecnología, quisieran apoderarse de nuestro planeta, ya lo habrían hecho. Sólo éramos, cosa un tanto humillante, objeto de curiosidad. Bichos raros dignos de estudio. Y la Tierra un zoológico tan divertido como didáctico.
Las luces de la carretera, de los pueblos, de los cortijos se transformaron en ovnis camuflados que orientaban sus antenas en seguimiento nuestro. La conversación que manteníamos en el coche, era harto ilustrativa de la psicología humana.
Tanto mi amigo Quique como el cura se habían involucrado en esa pintoresca charla. En cuanto al conductor, de vez en cuando echaba su cuarto a espadas. La ufología era un tema que daba mucho de sí, un tema que tenía ramificaciones arqueológicas, veterotestamentarias, mitológicas. Y relaciones directas con la NASA y los servicios de espionaje y contraespionaje de las principales potencias. Todo esto constituía un guirigay que estaba afectando a mi precaria estabilidad psíquica y física. Es decir, faltaba poco para que me marease.

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