Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Camino’

Camino con adelfa

 

 

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Read Full Post »

Bifurcación

dsc_0037-2

 

 

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Read Full Post »

Sementera (II)

dsc_0043-2

 

 

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Read Full Post »

Caminos (XX)

csc_0031csc_0046

 

 

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Read Full Post »

X
Buscando mi camino,
buscándolo en silencio
como un monje obcecado.

Buscando mi silencio
entre tanto barullo
de voces discordantes.

Buscando pertinaz
un sendero, un atajo
que me lleve derecho
al centro palpitante
que cobija mi pecho.

CSC_0078

 

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Read Full Post »

CSC_0052II

El ciclo de las estaciones era una gigantesca y grandiosa rueda que no paraba de girar. Las manifestaciones fenoménicas no lo inquietaban. Pero su repetición era la causa de ese hartazgo que experimentaba. La monotonía de las vueltas lo había saturado.

Esa era la razón de que sintiera la necesidad de escapar a esos acontecimientos periódicos y puntuales, a esa rueda que, sin dejar nunca de funcionar, no avanzaba un metro.

La pregunta solapada era esta: ¿qué camino conducía fuera?

¿Podía el hombre recorrer un camino que lo llevase a otro sitio?

Li Po no tenía una mente morbosa. No pensaba en la muerte ni tampoco en encontrar un medio eficaz de aturdimiento o enajenación. Sólo tenía conciencia de estar encerrado en un círculo y de su deseo de salir.

El cansancio conllevaba la búsqueda de un sentido más allá de las rotaciones sin fin. No sólo el cuerpo acusaba el agotamiento. El espíritu se mustiaba también. Uno y otro llegaban a un límite. Cada uno a su manera decía “basta”.

El poeta había llegado a la conclusión de que este mundo cíclico dominado por los dualismos podía ser trascendido. Vivir inmerso en él no era una fatalidad sino una decisión.

Esa puerta de salida era la creación, que no se oponía a la naturaleza, pues ocupaba un escalafón superior, de forma que esta quedaba supeditada a aquella. La naturaleza es eterno retorno. La creación es un camino que abre nuevos horizontes.

¿No era ese el camino que él había recorrido durante toda su vida?

Sentado en la piedra, el viejo poeta miró sin ver, miró más allá de los bosquecillos de bambúes, del río cuyo caudal de agua había aumentado con las últimas lluvias, miró dentro de sí.

Luego alzó la vista hacia arriba, hacia el cielo por donde se desplazaban las nubes blancas, hacia el profundo e inconmensurable azul.

Li Po tenía setenta y seis años. Había asistido a muchas floraciones primaverales y a muchas otoñales caídas de hojas, había sido testigo de sequías e inundaciones, había aspirado la fragancia de los jazmines y se había extasiado ante la belleza de las peonías, había conversado con las libélulas y las mariposas, se había detenido innumerables veces a admirar el reflejo de la luna en el agua…

Y había escrito cientos de poemas. Pero hoy su corazón albergaba un dulce deseo. Con una leve sonrisa en los labios, Li Po se puso en pie y siguió su camino.

 

 

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Read Full Post »

CSC_0052I

Li Po fue a visitar a un amigo taoísta que vivía en la montaña, pero no lo encontró. A su vuelta, apoyándose de vez en cuando en el tronco de los pinos, se detuvo en un lugar desde el que se divisaba un panorama magnífico. No era la primera vez que se sentaba en esa roca a descansar y a contemplar el entorno.

Había cumplido recientemente setenta y seis años. Su cuerpo acusaba la usura del tiempo. Sus piernas no eran tan fuertes como antes, a veces las recorría un ligero temblor que hacía sonreír levemente al poeta.

Pero todavía, a pesar de su decaimiento físico, iba a ver a su amigo Fu Yin, tan viejo como él, que se había retirado a una cabaña, al lado de un torrente, en completa soledad.

Le gustaba hablar con Fu Yin, aunque a menudo el tiempo transcurría sin que cruzasen palabras. Su compañía reconfortaba a Li Po que tenía en gran estima sus escasos comentarios relacionados, sobre todo, con los cambios meteorológicos y su repercusión en la naturaleza. En realidad, más que hablar, callaban largamente.

Sentado en la piedra en cuyas hendiduras verdeaba el musgo, Li Po, con un asombro siempre renovado, se deleitaba con la visión de los bosquecillos de bambúes y de la cascada lejana. Y sentía cómo lo anegaba esa felicidad inexplicable que le expandía el pecho y lo reconciliaba con todas las criaturas, incluidos los seres humanos.

Ese regocijo había sido y, como tenía ocasión de comprobar, seguía siendo el mayor sostén de su vida, la columna más sólida sobre la que se apoyaba.

Los ciclos de la naturaleza constituían una inagotable fuente de gozo. Nunca le había aburrido el espectáculo del otoño, del invierno, de la primavera y del verano, con sus luces y colores propios, con su encanto peculiar.

Pero hoy era diferente. Era cierto que siempre se descubrían nuevos matices e insospechados detalles en los paisajes que creemos conocer como la palma de la mano. De hecho, Li Po pensaba que siempre eran diferentes sin dejar de ser los mismos. El viejo poeta tenía también su vena de filósofo.

Hoy, en esa gratificante experiencia, había un elemento nuevo. No era la primera vez que afloraba en los últimos tiempos. Retornaba con cierta frecuencia de forma que Li Po lo había identificado. Su percepción estética había alcanzado un punto de saturación.

Debido sin duda a la repetida exposición, se había producido un desgaste o un apagamiento. No sólo su cuerpo se había debilitado. También interiormente notaba el cansancio.

Su curiosidad estaba saciada. No aspiraba a disfrutar de nuevas variaciones que no añadirían nada significativo a su acervo.

Esas diferentes ediciones de un libro que ya se ha leído, aun sabiendo que las modificaciones y correcciones deparaban sorpresas, no le atraían como cuando, embelesado, se sumergía en las primeras lecturas, como cuando su sensibilidad emitía los primeros acordes, como cuando sus ojos se abrían a perspectivas insospechadas.

La pregunta solapada que había desoído y apartado de su mente, tenía ahora la suficiente fuerza para imponerse.

 

 

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Read Full Post »

Older Posts »