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Posts Tagged ‘Camino’

 

 

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Camino con adelfa

 

 

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Bifurcación

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Sementera (II)

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Caminos (XX)

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X
Buscando mi camino,
buscándolo en silencio
como un monje obcecado.

Buscando mi silencio
entre tanto barullo
de voces discordantes.

Buscando pertinaz
un sendero, un atajo
que me lleve derecho
al centro palpitante
que cobija mi pecho.

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CSC_0052II

El ciclo de las estaciones era una gigantesca y grandiosa rueda que no paraba de girar. Las manifestaciones fenoménicas no lo inquietaban. Pero su repetición era la causa de ese hartazgo que experimentaba. La monotonía de las vueltas lo había saturado.

Esa era la razón de que sintiera la necesidad de escapar a esos acontecimientos periódicos y puntuales, a esa rueda que, sin dejar nunca de funcionar, no avanzaba un metro.

La pregunta solapada era esta: ¿qué camino conducía fuera?

¿Podía el hombre recorrer un camino que lo llevase a otro sitio?

Li Po no tenía una mente morbosa. No pensaba en la muerte ni tampoco en encontrar un medio eficaz de aturdimiento o enajenación. Sólo tenía conciencia de estar encerrado en un círculo y de su deseo de salir.

El cansancio conllevaba la búsqueda de un sentido más allá de las rotaciones sin fin. No sólo el cuerpo acusaba el agotamiento. El espíritu se mustiaba también. Uno y otro llegaban a un límite. Cada uno a su manera decía “basta”.

El poeta había llegado a la conclusión de que este mundo cíclico dominado por los dualismos podía ser trascendido. Vivir inmerso en él no era una fatalidad sino una decisión.

Esa puerta de salida era la creación, que no se oponía a la naturaleza, pues ocupaba un escalafón superior, de forma que esta quedaba supeditada a aquella. La naturaleza es eterno retorno. La creación es un camino que abre nuevos horizontes.

¿No era ese el camino que él había recorrido durante toda su vida?

Sentado en la piedra, el viejo poeta miró sin ver, miró más allá de los bosquecillos de bambúes, del río cuyo caudal de agua había aumentado con las últimas lluvias, miró dentro de sí.

Luego alzó la vista hacia arriba, hacia el cielo por donde se desplazaban las nubes blancas, hacia el profundo e inconmensurable azul.

Li Po tenía setenta y seis años. Había asistido a muchas floraciones primaverales y a muchas otoñales caídas de hojas, había sido testigo de sequías e inundaciones, había aspirado la fragancia de los jazmines y se había extasiado ante la belleza de las peonías, había conversado con las libélulas y las mariposas, se había detenido innumerables veces a admirar el reflejo de la luna en el agua…

Y había escrito cientos de poemas. Pero hoy su corazón albergaba un dulce deseo. Con una leve sonrisa en los labios, Li Po se puso en pie y siguió su camino.

 

 

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