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Posts Tagged ‘ciencia’

Las palabras resuenan en los oídos,
los colores desfilan ante los ojos
como prados moteados de flores,
como la lección aprendida de memoria
y recitada sin tomar aliento.

El mundo se ha descompuesto.
Gracias a la ciencia ya no sabemos nada.
Al parecer estamos tocando fondo.
Hemos crecido tanto
y nos hemos vuelto tan sabios
que los charcos en que chapoteábamos
pertenecen a un pasado remoto.

Las estrellas nos hablan
de la inmortalidad y de la armonía.
Vanas palabras inventadas
para enloquecer a los hombres.
A los hombres que creen en las sirenas,
como otros en la exactitud de las matemáticas.

Hay voces que anuncian
catástrofes o descubrimientos,
que nos han convertido
en seres soberbios
o apesadumbrados.

Cuando probamos la raíz amarga de la vida
y queremos huir hacia los confines de la Tierra,
nuestro olfato proclama que vivimos,
nuestro oído corea la misma cantinela,
nuestros ojos gritan hasta desgañitarse
y nuestras manos recorren morosas las formas de este mundo.

 

 

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Sobre la ciencia

26 de noviembre de 2011 032106.-La ciencia, al igual que la religión, requiere una buena dosis de fe. Las explicaciones científicas, todas ellas apabullantes, se suceden a lo largo de la historia, quedando orilladas o cayendo en el olvido algunas veces, y otras quedando rebasadas o mejoradas. Ni que decir tiene que la última edición es la inapelable. Ante la que sólo cabe hincarse de rodillas y decir amén, so pena de ser expuesto a la vergüenza pública con sambenito y capirote, o ser quemado en la hoguera de la excomunión si el hereje es contumaz.

El caso es que las teorías científicas, de cuya luz no podemos prescindir, no agotan el misterio, que juega a esconderse. Lo que ahora se descubre abre una puerta inquietante a lo desconocido. Lo que se pregonó como lo último es sólo otro peldaño de una escalera cuyo principio y fin están sujetos a especulaciones, afirmaciones y negaciones. Pero los creyentes de la ciencia no pierden la fe, ni es bueno que nadie la pierda, pues ya sabemos lo que ocurre cuando la razón se pone a roncar.

El caso es que el misterio escapa, retrocede, se muestra parcialmente, se vela, sigue envolviéndonos, pero no por ello hay que desanimarse. Quizá habría que flexibilizarse, no ser tan mamporrero cuando alguien se manifiesta agnóstico o escéptico con la ortodoxia, o no logra tomársela en serio al cien por cien, dejando abierta una rendija por la que pueda escabullirse la imaginación.

En materia doctrinaria la gran diferencia entre ciencia y religión es que a esta la fe del carbonero le basta. Con argumentos o sin ellos, en última instancia se cree. Pero con la ciencia esta fe simple, esta pura fe, es inviable. Ese acto tiene que venir arropado por demostraciones, experimentos, estadísticas, teoremas, publicaciones en revistas especializadas, etc. Es comprensible que, después de un trabajo tan arduo, se exija una fe sin fisuras.

Sólo después de haber establecido el dogma, que en su época de mayor esplendor es aplastante, se exige la fe.

Todo eso no constituye, sin embargo, un sistema inamovible, aunque en su momento de gloria su peso sea abrumador, sino una condensación de los conocimientos en un determinado periodo. Pero la ciencia no queda agotada en ese éxito, por más que los medios de comunicación voceen lo contrario.

En los tiempos que corren la religión se pone muchos menos moños. Demasiados pescozones le han dado y le siguen dando para no haber aprendido humildad y respeto.

En definitiva cada uno con su fe sigue adelante. Con lo que al menos una cosa queda clara: su necesidad.

 

 

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