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Posts Tagged ‘desencanto’

II

El desencanto no vino de golpe. Un día fue una cosa y otro día otra. Mis expectativas se trocaron en desprecio. Mis ilusiones en rencorosos proyectos. Pero tú seguías siendo un imán.

Al principio no me percaté del cambio que se estaba operando. Del sobresalto en que vivía pasé a una frialdad que a mí mismo me asombraba. De recorrer calles y plazas como un poseso pasé a refugiarme en un bar alejado del centro. De rondarte cuando ibas a la tienda, a la farmacia o a casa de tu tía pasé a eclipsarme completamente.

Por arte de magia mis nervios se apaciguaron, mis músculos se distendieron, mi mente se aclaró. Algo, cuyo nombre ignoraba aún, había venido de extranjis a sustituir el afecto y la admiración que me inspirabas. Quizá la voz de una conciencia aherrojada, sin poder durante mucho tiempo, había empezado a afianzarse.

Y esa voz me repetía: “Estás equivocado”.

Entré en crisis. Toda una escala de valores se derrumbó, se reveló inservible, se convirtió en un caparazón que me impedía el movimiento.

Una incontrolable agresividad se desató dentro de mí. Me alejé del trato con los demás. Me encerré en el mayor de los mutismos. Me fui a una casita en el campo, propiedad de mi padre, que utilizaban los cazadores cuando iban de montería.

Largas caminatas fue la medicina que me administré a grandes dosis, cayendo rendido por la noche en el camastro que me había preparado.

Me levantaba con los primeros rayos de sol. Una nueva jornada, que vencía por medio del cansancio, se extendía ante mí.

A pesar de las apariencias no soy una persona calculadora ni metódica.

No me fui al campo para madurar ningún plan sino para desfogar.

La intuición juega en mí un papel más importante que los propósitos y los razonamientos. Si no subyaciera una predisposición para realizar una tarea, mi fuerza de voluntad sólo sería una marioneta sin hilos.

Podrás motejarme de lo que quieras, pero harías mal acusándome de cometer mis delitos con alevosía y premeditación. Puedo ser un criminal, pero de la categoría de los descerebrados, de los que empuñan un cuchillo de cocina porque es lo primero que encuentran, y apuñalan ciegamente a su víctima.

 

 

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60.-Según Emma, lo que caracteriza a nuestra época es el fariseísmo. “A la nuestra y a todas, me temo” replico, “¿no fue la lucha contra esa impostura tan profundamente arraigada en la psique humana la principal razón de la vida pública de Jesucristo?” “Seguramente había otras razones de igual o más peso, pero no cabe duda de que esa era una” “Yo diría que lo peculiar de estos tiempos es una patética desesperación, así como un panteísmo difuso en relación con la naturaleza” “Tú eres un ejemplo de lo segundo” “Que salga a dar caminatas por el monte no significa que yo sea un representante de esa corriente. Antes bien, tengo una abrumadora conciencia de la divinidad. ¿Tú no?”.

Mi amiga guarda silencio. Tras un ligero carraspeo, dudoso entre seguir hablando de lo mismo o cambiar de tema, me dejo llevar por el flujo de mis pensamientos. “Más en el campo que en la ciudad, me siento en presencia de una realidad que me sobrepasa, que me empequeñece al tamaño de una pulga” “No pareces un hombre del siglo veintiuno” “¿Qué se sale ganado con serlo?” “Pragmático te veo” “Lo que caracteriza verdaderamente a nuestra época es la negación de lo que está más allá de la naturaleza, a la que hay que respetar pero no endiosar. Es decir, la negación de todo aquello que escapa a nuestros cinco sentidos. Resumiendo, la negación de lo sobrenatural”.

61.-Tarde o temprano llega la hora del desencanto, esa en la que constatamos que nada es como habíamos deseado o se le parece poco, que los sueños se han volatilizado, que los logros son magros, que los acontecimientos han dado un giro imprevisto, que una nueva remesa de farsantes hace y deshace…Ese momento fatal es también el del retiro. La cuestión es esta: ¿se puede vivir digna y tranquilamente al margen? ¿o ni siquiera eso es posible?

62.-Las absolutizaciones son nocivas. Las relativizaciones también. Las primeras se traducen en mitificaciones. Las segundas en humo.

63.-Por los paraísos terrenales se paga un precio desorbitado. Y al cabo del tiempo se descubre que sólo eran un bluf.

64.-Los paraísos celestiales cumplen una función mitológica (mito y logos no se excluyen). Los terrenales son coartadas y atajos para hacerse con el poder.

65.-Un paraíso no es una bobada sino la proyección de un deseo de felicidad y perfección. Los listos se aprovechan de esa sed. El resultado es la instauración de un infierno.

 

 

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