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Posts Tagged ‘Fernando Pessoa’

¡Ah, ese frescor en la cara de no cumplir un deber!
Faltar es, positivamente, estar en el campo.
(…)
Respiro mejor ahora que ha pasado la hora de las citas.
Falté a todas con deliberación (…),
esperando esa gana de ir que ya sabía que no vendría.
Soy libre frente a la sociedad organizada y vestida.
Estoy desnudo y me zambullo en el agua de mi imaginación.
Es tarde para estar en cualquiera de los dos puntos donde debía estar a la misma hora,
deliberadamente a la misma hora…
Pues bien, aquí me quedaré soñando versos y sonriendo en cursiva.
(…)
No consigo siquiera encender el cigarrillo siguiente…Si es un gesto, que se quede con los otros que me esperan en este desencuentro que es la vida.

———————————————-

Es problemático calificar este poema de Pessoa como una muestra de la alegría de vivir. Ese frescor a que alude el primer verso rebaja simplemente la presión existencial. Es un alivio porque el poeta ha burlado un deber. En ese momento no está donde debería estar, que es cumpliendo una tarea oficinesca.
No obstante, toda la composición está recorrida por una corriente de felicidad, advirtiéndose un regocijo que tiene algo de infantil, o sea, de auténtico. El poeta hace novillos. Como él dice: “Faltar es, positivamente, estar en el campo”.
El hecho de no asumir sus compromisos burocráticos, de hacer trampas, de escaquearse, propicia ese sentimiento de libertad que reconcilia al autor con la vida, de la que no tiene muy buen concepto como queda de relieve en el último verso.
Deliberadamente concertó dos citas a la misma hora para escudarse en la tautología de no poder ir a ésta porque tiene que ir a aquella, y de no poder ir a la segunda porque tiene que ir a la primera. Como él no tiene el don de la ubicuidad, coge por la calle de en medio y decide tomarse la tarde libre. Decide darse el gustazo de no hacer nada. De hecho, no atina siquiera a encender el siguiente cigarrillo, gesto frustrado, como tantos otros, con el que pretendía redondear su dicha.
Resulta comprensible que sustraerse a citas, reuniones y papeleo sea motivo suficiente para festejar el hecho de estar vivo. Eludir las obligaciones, que tanta energía roban, es recuperar la libertad. ¿Qué preso no experimenta una oleada de gozo cuando traspone el umbral de la cárcel? La sangre corre más de prisa por las venas, la atmósfera se hace más transparente.
Para el poeta es una ocasión de abandonarse a los sutiles placeres de la imaginación. A fin de cuentas el mundo soñado ofrece más compensaciones que el de todos los días, tan romo, a menudo tan arduo.
Es una ocasión de quitarnos las vestimentas que nos disfrazan e inmovilizan, de desnudarnos y mirarnos tal cual somos en el espejo de la mente. De zambullirnos en el agua de la imaginación, dice Pessoa.
¿Qué otras satisfacciones ofrece la vida, que el poeta define como un desencuentro?
Pessoa, precursor de la posmodernidad, no se hace ilusiones al respecto. Fumar un cigarrillo, dar un paseo en un coche prestado, ver pasar a la gente desde su ventana…y soñar hasta el cansancio.

 

 

 

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He aquí algunos fragmentos del largo poema Estanco , que constituye una desasosegante comprobación de quien fue al puerto de Lisboa a recibir al mago y ocultista Aleister Crowley.

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Esto aparte, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto
(…)
dais al misterio de una calle cruzada constantemente por gente,
a una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, verdadera, desconocidamente verdadera
(…)
Dejo la ventana, me siento en una silla. ¿En qué he de pensar?

¡Qué sé yo lo que seré, yo, que no sé lo que soy!
¿Ser lo que pienso? ¡Pienso ser tantas cosas!
Y tantos hay que piensan ser la misma cosa que no podrán serlo tantos.
¿Genios? En este momento
cien mil cerebros se conciben en sueños tan genios como yo,
y la historia no marcará, ¿quién sabe?, ni a uno solo,
ni quedará más que estiércol de tantas conquistas futuras.
(…)
¿En cuántas buhardillas y no-buhardillas del mundo
no habrá a estas horas genios-para-sí-mismos soñando?

Fernando Pessoa

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