Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘magia arbolaria’

35

Nada de eso venía a cuento ni interesaba a Moncho. Pero mi colega tenía una curiosa afición.

Había momentos en que la vida urbana lo sobrepasaba. El tráfago ciudadano, la monotonía burocrática, el politiqueo para el que no estaba dotado, y otros sinsabores los combatía escapándose al monte.

Cuando no podía más, cogía el coche y enfilaba la carretera de la sierra. Yo daba por descontado que desfogaba andando.

Mientras conversábamos tomando café, tras un cabeceo, lo negó. Ciertamente se emboscaba para recuperar su equilibrio, pero el método no consistía en caminar sino en pasear hasta el lugar elegido.

“¿El lugar elegido?” pregunté intrigado. De Maluenda se podía esperar una campanada. Me miró sopesando la conveniencia de confiarse. “No es un lugar” dijo “sino varios. En verdad, no son lugares sino árboles”.

Pagamos la consumición y volvimos al despacho. Durante el trayecto me reveló que practicaba la magia arbolaria. Como íbamos uno al lado del otro, no vio mi cara de sorpresa. Ignoraba que tal disciplina existiese. Y sin embargo la bibliografía era amplia. Maluenda empezó a citar títulos. Lo interrumpí porque era su historia lo que quería oír.

“No pienses cosas raras” dijo, “todo es más sencillo de lo que imaginas”.

Mi colega tenía localizadas varias encinas centenarias. Aparcaba el coche lo más cerca posible y se acercaba sin prisa, respirando hondo y disfrutando del paisaje. Este paseo lo relajaba y lo ponía en estado de receptividad.

Cuando llegaba al árbol, tocaba su corteza con las manos y la frente. En esta reverente actitud permanecía unos minutos. Luego, apoyando la espalda en el tronco, se sentaba en el suelo y dejaba transcurrir todo el tiempo que fuese necesario.

“¿Necesario para qué?” pregunté. “Necesario para sentir que la encina me ha transmitido una parte de su energía”.

Otras veces entrecerraba los ojos y dejaba correr las horas mientras escuchaba el ruido del viento en las hojas.

De pasada aludió a la decodificación de ese murmullo que era el secreto de la auténtica poesía.

En este punto mi colega cortó su exposición considerando tal vez que se había extralimitado. O porque habíamos llegado a la entrada de la Delegación de Hacienda.

Moncho rio de buena gana. Me sobresalté como si hubiese escuchado una bomba. El golpe de hilaridad lo hacía estremecerse. Pensé mosqueado que no era para tanto. A fin de cuentas no había contado un chiste.

Antes de calmarse del todo farfulló: “Tu amigo…tu amigo es…” “Un excéntrico” completé. Esa fue la palabra que se me vino a la cabeza, la misma que utilizaban en el trabajo para referirse a él.

 

 

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

Read Full Post »