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XVII
Pájaros aleteantes
de picos acerados
perforan la mañana
con gritos destemplados.

Un reptil gigantesco
su trabajo realiza.
Ingurgita su presa
a conciencia, sin prisa.

El acezante saurio
prosigue su trabajo,
puntual y eficiente,
engullendo a destajo.

Por arrojarlo fuera
no hay nadie que haga nada.
Necesarias no son
flamígeras espadas
ni cejijuntos ángeles.
Una palabra basta.

 

 

 

 

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16.-En el campo literario y en otros (filosófico, psicológico-terapéutico…), al dar forma, al sistematizar nuestros pensamientos a menudo descubrimos su insustancialidad.
El medio más eficaz para desinflar el globo de nuestras ilusiones y autoengaños, para conocer las medidas reales de nuestras aptitudes, es la palabra. Se entiende la palabra escrita.
Escribir es una forma de saber cuáles son nuestros límites, no solamente expresivos sino intelectuales, emocionales, humanos. Cuando pensamos, divagamos. Hay una tendencia a no precisar, a dejar en el aire, incluso a falsear. Pero ahí está el bisturí de la palabra que corta, profundiza y saca a la luz un ratoncito, como en el famoso parto de los montes.
Ese magma interior que parece va a arrollarlo todo a su paso, puede quedar reducido a poca cosa, a nada, cuando se le aplica el estilete verbal. Esos temblores, humaredas y bramidos resultan no ser más que las bravatas de un volcán inofensivo, incapaz de una auténtica erupción.
Pero la palabra es un cuchillo de doble filo, un martillo de doble cabeza, el hacha de doble hoja que utilizaban las sacerdotisas cretenses en sus ceremonias. La palabra puede ir en dos direccionas contrarias, puede tener dos usos desconcertantes.
Por un lado, es un instrumento que sirve para desinflar egos y poner las cosas en su sitio. Para llamar al pan, pan y al vino, vino. Por otro, la palabra es un ente autónomo, que no está al servicio de nada ni de nadie.
La palabra desenmaraña, ordena, esclarece. Es una herramienta que nos permite mostrar los tesoros escondidos, que ciertamente existen y están a la espera de ser rescatados. Pero la palabra es también libre. No es utilizada sino que ella utiliza. No es sirviente sino ama. No es un cuchillo, un martillo o un hacha sino una flecha en busca de su diana. O un pájaro a cuyo lomo podemos subir para un viaje iniciático, para descubrir nuevas realidades o encontrar nuevos significados.
La palabra nos permite explorar nuestros límites y dispersar las tinieblas, pero también nos conduce a regiones ignoradas y nos desvela secretos que permanecerían ignorados si no aceptásemos ser el paje de esta dama y recorrer con ella el espacio y el tiempo, y surcar los cielos en su compañía.

 

 

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