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Posts Tagged ‘tareas’

IV

Me levanté bañado en la cruda luz de las barras de neón y me acerqué a una lavadora. Desde allí estudié las tareas que realizaban los negros. Ignorado por ellos, mi condición de intruso, en vez de diluirse, se afianzaba.

Como un ratón temeroso me aventuré a dar algunos pasos.

No sabía cómo abordar a esos semidioses indiferentes. Mi primer intento fue un fracaso. A uno le hice señas de que se detuviese, pero pasó de largo. No habrá visto mi mano alzada, pensé.

En medio de la sala me sentía más perdido que en plena selva.

Al siguiente negro que cruzó ese lugar inhóspito donde retumbaba el fragor de los centrifugados, le pregunté directamente. Siguió andando como si tal cosa. La culpa la tiene ese ruido, murmuré.

Dudé incluso de haber hablado. Carraspeé, tosí, me aclaré la voz. La próxima vez no podía fallar.

Tragué saliva, como se hace en los momentos cruciales. Antes de intentarlo de nuevo, hice una prueba.

Me erguí, levanté el brazo derecho con la palma extendida a la altura del pecho, abrí la boca…Ninguna palabra, ningún sonido salió de ella.

Me quedé petrificado en esa postura. No sabía qué decir.

“Por favor, ¿a quién tengo que dirigirme para pedir trabajo?” “¿Sería tan amable de indicarme la salida?” o quizá “¿Qué clase de sitio es este?”.

Podía limitarme a saludar. ¿Pero no era una necedad desear “buenas días” a quienes no te miraban siquiera?

Seguí dándole vueltas a este asunto, haciendo preguntas que yo mismo me respondía.

“¿Por qué hace tanto calor?” “Eres tú quien estás sofocado” “¿Por qué trabajan desde tan temprano?” “Porque es una lavandería de servicio permanente”.

Lo mejor era sonreír, inclinar cortésmente la cabeza y susurrar: “Buenos días”.

Eso era lo más adecuado. Estaba allí para que me lavaran la ropa sucia. Mientras esperaba, daba un paseo por la sala de máquinas.

 

 

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50.- Allanar el camino a la creación. Abandonar las expectativas y las exigencias abiertas o encubiertas. Escribir requiere apertura y disponibilidad. La escritura no admite condiciones.

51.-Hay variadas técnicas o tácticas y ninguna es definitivamente efectiva. Cada novela, relato o poema es un descubrimiento. De antemano no se puede saber qué método va a funcionar. El que ha sido válido en una ocasión, se revela inútil en otra. Cuesta trabajo asimilar esta enseñanza porque nos gustaría estar en posesión de la receta aplicable en todos los casos.

52.-Pararse, vivir las rachas de infecundidad hasta encontrar el sendero que permita seguir avanzando hacia la nueva región por explorar.

53.- Corregir es pulir, recrear, optimizar. Corregir es llevar la obra literaria a su punto máximo de eficacia expresiva.

54.-Bloqueos, impasses, esterilidad, travesías del desierto de todo creador. Para dejarlos atrás y alcanzar tierra fértil hay que recorrerlos.

55.-El trabajo literario tiene una vertiente terapéutica a condición de no convertirlo en una moneda de cambio. El trabajo literario es un fin en sí mismo. Tomado de esa forma, nos puede ayudar a sentirnos mejor, a reconciliarnos con nosotros mismos y con nuestro entorno, a equilibrarnos. Si lo tomamos como trampolín o como tribuna, esos beneficios no se producirán. Tal vez se recojan otros frutos pero no ésos.

56.-No se trata de aplicar ideas sino de vivirlas. Tampoco es exacto hablar sólo de ideas, pues el magma creativo se compone también de elementos procedentes de otras instancias psicológicas y espirituales. La totalidad creadora sobrepasa la esfera mental o ideológica.

57.-Pararse. Hacer trabajos preparatorios, limpieza, balance. Desbrozar el camino. Trazar líneas maestras. Tantear. Orientarse. Estas tareas no son escalones o pasos intermedios. Son fines en sí mismas.

58.-El trabajo literario es un acto de servicio a la creatividad. Entendido así, por más altibajos que acontezcan, es siempre estimulante. Es un acto de servicio, no una esclavitud. Es un compromiso, no una condena. Es una elección, no una obcecación. Es una necesidad, no una fatalidad. De esta forma, la obra logra enraizar en los estratos profundos del individuo y de la sociedad.

 

 

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